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Es curioso, pero cuando uno quiere entender, entiende. El psicoanálisis es contra natura solamente para aquellos que no quieren saber nada; nada de sí mismos, en primer lugar. Qué difícil vivir a espaldas de uno mismo. A partir de Freud, mas difícil todavía. Freud produce este efecto inequívoco en la cultura: un sujeto del inconsciente, que tendrá que despertar a una realidad nueva que lo habita. El sueño, en este sentido, cobra valor, adquiere un estatuto de verdad, la verdad intima del soñante, la de su propio deseo.

¿Hace falta preguntarse si hoy, mas de 100 años después, podemos seguir soñando?

Un recuento rápido de esos años revela que algunos de nuestros sueños más preciados han desembocado en una pesadilla. No voy a entrar en detalles. La característica de los cambios de nuestra era informática es la aceleracion y el totalitarismo, Manuel Castells dixit. Hoy podemos decir que la historia no se ha acabado, como decia Fukuyama, sino que se ha acelerado vertiginosamente. Viajamos o volamos en las autopistas de la comunicación y eso tiene un efecto innegable sobre el sujeto y otro sobre el inconsciente, que tiene otro ritmo y obedece a otra temporalidad. Si hoy soñamos menos es porque podemos soñar en la red -el DREAMNET existe- donde todo lo que usted desea puede ser realizado. La cultura informática, cultur@, reduce el sueño y el deseo a la necesidad –sobre todo a la necesidad del consumo- pero en esta operación se pierde la esencia misma del deseo y de la libertad de volar.

Un adolescente me trae un sueño: “un ratón me comía la cabeza”, me dice. Hace poco que viene, cuenta que casi nunca sueña, pero aparece el ratón asociado, por supuesto, con su ordenador y… con nada más. De padres separados y ambos hiper-ocupados, desde pequeño pasa su vida delante de un único interlocutor: la videoconsola, que se convierte en su compañía familiar. Internet vendrá a sustituir o suplir los juegos; este es el nuevo acompañante del hombre contemporáneo. La pantalla es su familia. Con razón mi adolescente, sumido desde pequeño en cierta soledad, puede soñar y despertar para seguir soñando… que un ratón le come la cabeza.

Memoria de la barbarie y construcción del futuro”

Reyes Mate

“La estrategia del diablo es hacernos creer que no existe”, Charles Beaudelaire

Honorable Señora Joana Ortega, Vicepresidenta del Govern de la Generalitat de Catalunya, distinguidos miembros de la mesa, señoras y señores:

1. Recordamos el día de la liberación de Auschwitz y, por tanto, a todos los deportados a campos de exterminio, campos de concentración y campos de trabajos forzados. Recordamos a los millones de judíos asesinados en las cámaras de gas, a los gitanos, homosexuales, combatientes, muchos de ellos republicanos españoles, o disidentes internados en el universo concentracionario, víctimas de la barbarie nazi.

No ha sido fácil llegar hasta aquí. Hubo un largo tiempo de silencio, después de la II GM porque lo que entonces mandaba era el olvido. Había que mirar hacia adelante para levantar una Europa en escombros y, por tanto, no echar la vista atrás; a los supervivientes judíos en Estados Unidos se les decía que se asimilaran, que se integraran en la nueva realidad, olvidando el pasado. Ni siquiera en el Israel de la época sobraba calor para los supervivientes de la Shoah. Había algunos que querían hablar pero nadie les escuchaba. “Lo que habían padecido los judíos no suscitaba interés”, dice Simone Veil, superviviente de Bergen-Belsen. Sólo querían oir las gestas heroicas de la Resistencia, pero no lo que millones habían sufrido. Cuando alguien veía su tatuaje sobre el brazo decían: “¡Vaya¡ quedan judíos. Pensábamos que habían muerto todos”. No querían oir a Primo Levi, demasiado triste; ni a Jean Améry, un amargado que hablaba desde el resentimiento.

Otros supervivientes tenían que callar para seguir viviendo. “La escritura o la vida” fue el título que escogió Jorge Semprún para explicarnos que había que elegir entre recordar o vivir.

Por eso digo que no ha sido fácil pero aquí estamos, recordando.

2. Podemos decir que la batalla del recuerdo está ganada al silencio de los primeros años, pero ¿hacemos memoria?. Hay una diferencia entre recordar los hechos y hacer memoria de su significado. De esto quisiera hablar ahora.

Elie Wiesel y Jorge Semprún, dos deportados en Büchenwald, dialogan muchos años después, y ambos coinciden en no querer ser los últimos testigos. Temen tener que cargar con esa responsabilidad, con la responsabilidad del testigo. ¿Que por qué no quieren cargar con la responsabilidad de dar el último testimonio? porque saben que han fracasado en lo esencial. Han dado, sí, a conocer los hechos, pero no han sido capaces de conformar el presente desde ese pasado. El mundo sigue a su aire como si nada hubiera ocurrido. El último testigo tendría la responsabilidad del postrer intento por hacernos comprender lo que significa la memoria de la barbarie que ellos habían vivido o, mejor, padecido

3. La memoria es una de las categorías políticas más decisivas en nuestro tiempo pero que a diferencia de otras, como ciudadanía o democracia o libertad o igualdad, se está formando.

Es verdad que viene de lejos, es decir, tiene una historia[1]. Para los antiguos era una categoría menor, un sentido interno que produce sentimientos. En la Edad Media la memoria se transforma en un principio normativo: el pasado como norma del presente. La sociedad no necesita aprender nada nuevo, solo trasmitir lo sabido. Lo nuevo es sospechoso por eso, en El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, los monjes curiosos que quieren ojear un nuevo libro de Aristóteles, acaban envenenados. Como dice el guardián de la biblioteca, Fray Jorge, la humanidad sabe lo que necesita para salvarse. Eso es lo que hay que trasmitir.

Esto explica la alergia de la modernidad al pasado. El hombre moderno crea su mundo (también el político y el moral) desde la libertad. Nada se opone tanto a la autonomía del hombre moderno como la pretensión normativa de la memoria, es decir, que la memoria quiera convertir el pasado en norma del presente. Para los modernos, la memoria es cosa de los tradicionalistas o antimodernos.

Todo esto cambia en el siglo XX. Con los sociólogos franceses de la memoria aparece la idea de que memoria y progreso pueden ir juntos. Sólo hay futuro si, como decía Kafka en la Carta al Padre, la nueva generación tiene las patas traseras bien asentadas en el pasado. Frente a los totalitarismos de la época empeñados en identificar las posibilidades de la realidad con lo que el fascismo o el estalinismo son, la memoria trae al presente momentos críticos del pasado que nada tienen que ver con este presente totalitario. La memoria es entonces subversiva.

Pero es la II GM la que trae consigo el gran cambio: la memoria produce no sólo sentimientos sino conocimientos que escapan a la razón. La memoria, dice Walter Benjamin, abre expedientes que la ciencia o el derecho o la historia dan por archivados o explicados[2].

La mirada de las víctimas ve lo que escapa al ojo humano normal. Lo que ve es lo que lo que la ciencia o la cultura han ocultado a la hora de explicar la historia: el sufrimiento. El famoso progreso que ha sido la lógica de la historia se ha construido invisibilizando el sufrimiento; no eliminándole sino explicándolo como inevitable e insignificante. La memoria no pasa por ahí. Las víctimas se han hecho visibles gracias a la memoria.

Hay un tercer cambio, el más importante, después de la guerra, cuando el mundo toma conciencia de la dimensión del genocidio judío. Aparece el deber de memoria: la humanidad no puede permitirse otra experiencia de inhumanidad porque no la soportaría. De ahí el “nunca más”. Y el antídoto contra el poder destructor de la barbarie es, según los supervivientes, la modesta memoria.

Reparemos en esto porque no todo el mundo piensa lo mismo o, mejor dicho, casi nadie piensa que la memoria esté en condiciones de hacer frente al poder de la barbarie. Los Aliados Occidentales, sin ir más lejos, proponen algo mucho más eficaz que la memoria para evitar la repetición de la barbarie: el plan Marshall y una constitución democrática para Alemania.

La memoria es un arma frágil, por eso tenemos que preguntarnos ¿por qué tenemos tanta confianza en ella?,¿ por qué convoca tanto en todo el mundo? ¿por qué los descendientes de esclavos se agarran a ella en nombre de la justicia que esperan? ¿por qué asociamos memoria a justicia?

Digamos que esta explosión de la memoria a la que estamos asistiendo en el mundo entero, tiene que ver con la experiencia de inhumanidad que supuso el genocidio judío. Todo arranca de Auschwitz.

Si Auschwitz es el lugar fontanal de la memoria es porque, para los nazis, era un proyecto de olvido: no tenía que quedar ni rastro del pueblo judío, por eso la carne debía ser quemada, los huesos triturados y las cenizas aventadas. Sin soporte físico, debía desaparecer igualmente la significación cultural de ese pueblo y su contribución a la historia de la humanidad. Se trataba de producir un crimen de tal magnitud que, aunque alguien escapara de la cámara de gas y lo contara fuera, nadie le creería por la desmesura del acontecimiento. Y, aunque le creyeran, tratarían de olvidarlo porque tenerlo presente era vivir con un fardo insoportable.

Si Auschwitz encarna el mal radical no es por el número de víctimas, ni por liderar el ranking del dolor, como si hubiera víctimas de primera y de segunda. Ese triste privilegio se debe a la estrategia nazi de invisibilizar el crimen. De haber triunfado Hitler, la historia se habría construido sobre víctimas, sin que hubiera habido la posibilidad del duelo o de la culpa.

Frente a la estrategia nazi de olvido, surge el deber de memoria. Ahora bien, si estamos obligados a la memoria no es porque alguien nos lo mande, sino porque la necesitamos para vivir humanamente. El ser humano, en efecto, está dotado de una inteligencia portentosa: tenemos una capacidad analítica casi infinita, pero Auschwitz fue impensable, se nos escapó, y cuando lo impensable ocurre, se convierte en lo que da que pensar. Eso es la memoria: el reconocimiento de que nuestras acciones se construyen sobre un trasfondo oscuro, en el que no repara el conocimiento, y que no es otro que el sufrimiento de los demás.

El deber de memoria se substancia en el reconocimiento de que el sufrimiento es la condición de toda verdad o, dicho de otra manera, el deber de memoria consiste en re-pensar todo a la luz de la barbarie para hacer justicia a las víctimas y para que ese pasado no se repita. Los dos objetivos son inseparables.

El deber de memoria no consiste en acordarse regularmente de los judíos que murieron en los Campos, sino en repensar la política, la ética, la estética, incluso la verdad, teniendo en cuenta el sufrimiento anónimo que acompaña la construcción de la historia.

Esto es un programa muy ambicioso[3] y aunque fue formulado en los primeros momentos de la liberación, ha sido cuidadosamente marginado porque le memoria es peligrosa para todos. Por eso, antes de que condenemos a la memoria por incapaz de frenar la repetición del genocidio (lo que hacen muchos a la vista de lo que ocurrió en los años noventa en Africa Central y en la ex-Yugoslavia), deberíamos preguntarnos si hemos empezado a tomarla en serio. Yo creo que no porque no hemos hecho el esfuerzo de repensar todo a la luz de la barbarie. Es ciertamente un programa muy ambicioso que escapa a las posibilidades de esta breve intervención, pero permítanme decir algo

¿Que significa repensar la realidad teniendo en cuenta el Holocausto?, Lo explica muy bien un superviviente, Srebnik, en el film Shoah, de Claude Lanzmann, cuando señalando fijamente el piso de un bosque polaco, dice: “era aquí”. Ahí no se ve nada, pero ahí estaba situada la cámara de gas. Lo que noe está diciendo es que si queremos entender que es este lugar no basta hacer una descripción de lo que se ve. De el forma parte lo que nos dice la mirada de la víctima. Pensar la realidad teniendo en cuenta el Holocausto significa no confundir la realidad con la facticidad. La facticidad es la parte del pasado que ha triunfado y llegado hasta nosotros, pero de la realidad también forma parte aquello que pudo ser y quedó eliminado, los sin-nombre, los perdedores, los aplastados, los olvidados.

¿Y qué significa re-pensar la política teniendo en cuenta la barbarie experimentada? , significa cuestionar el progreso como lógica de la política moderna. Del progreso decía Ernst Jünger que era “la iglesia más popular del siglo XIX, la única que puede vanagloriarse de disfrutar de un poder real y de un credo libre de toda crítica”. El progreso es indiscutible.

Todo el mundo se siente progresista porque se da por hecho que el progreso es “el resorte moral de nuestra época”. Se asocia moral a progreso de la misma manera que barbarie a primario. Lo primario es lo que se acerca a la animalidad mientras que progreso, lo que se aleja de ella. Se confunde progreso con el proceso civilizatorio que ha ido conformando a la especie humana a lo largo de los siglos. Por eso el filósofo francés, Victor Cousin,da un paso más e identifica éxito con moralidad. El éxito del ser humano consiste en haberse constituido como tal, lo que sólo era posible derrotando la animalidad. Por eso éxito y humanidad se confunden.

Se puede calibrar entonces la provocación de Walter Benjamin cuando , en 1940, proclama que fascismo y progreso van de la mano. Tesis arriesgada pues nos solemos representar al fascismo como una recaída en la barbarie de la que la humanidad salió hace muchos siglos.

¿Qué es lo que tienen en común? El prestigio del éxito, esto es, legitimar la producción industrial de víctimas, si es por una causa superior. Lo común es la naturalidad con la que se entroniza la consecución de los objetivos, subordinando a tal fin cualquier medio que se juzgue apropiado. La conquista de nuevas metas, en el caso del progreso, o la construcción del hombre nuevo, en el caso del fascismo, justifican que se “pisoteen algunas florecillas al borde del camino”, como decía Hegel de las víctimas de la historia.

Repensar la política desde una consideración crítica del progreso significa someterle al juicio moral. Que hay progreso técnico y científico, es indiscutible; que ese progreso técnico comporte automáticamente progreso moral, eso ya es discutible.

Esta crítica del progreso no significa renunciar a los avances de la humanidad, tan positivos en muchos aspectos, sino saber distinguir entre un progreso que está al servicio de la humanidad, de la humanización del hombre, y otro progreso que convierte a esa humanidad en instrumento para el progresar. Por desgracia estamos instalados en la segunda propuesta. A la vista de la dimensión que ha tomado la mentalidad “progresista” o “del éxito”, ha llegado el momento de aplicar al progreso y al éxito lo que Benjamin decía de la revolución: que si en un momento se la interpretó como la aceleración del tiempo, había que entenderla ahora como un frenazo, como tirar de la alarma del tren en marcha. Repensar la política teniendo en cuenta la barbarie pasada significa revisar la lógica con la que se construye la historia y, más precisamente, la relación entre política y violencia.

La memoria abre expedientes que la política instrumentaliza, que la ciencia da por explicados o que el derecho ha archivado. La memoria tiene autoridad para abrirlos en tanto en cuanto la injusticia pasada no haya sido reparada. Eso lo deberían saber los jueces del Tribunal Supremo que tan desconsideradamente están juzgando la memoria de las víctimas del franquismo. Si no la respetan, esa misma memoria les alcanzará a ellos.

¿Y qué significa repensar la ética a la luz de la barbarie?. Las éticas modernas están basadas en la buena conciencia, en la lealtad a un núcleo humano que nos es común a todos y que llamamos dignidad. Ser bueno consiste en respetar esa dignidad. Pues bien, en Auschwitz , para sobrevivir, había que dejar la dignidad fuera. Jean Améry decía: nos salvamos los peores; no éramos solidarios, salimos sin haber aprendido nada…No es que estuvieran hechos de peor pasta que nosotros, es que, como apunta agudamente Elie Wiesel, “los santos (o los héroes) son los que mueren antes del final”. Hay un umbral de sufrimiento que si se le traspasa, ya no hay dignidad, ni santidad, ni heroicidad posible. Y en los campos ese límite fue sistemáticamente superado. Claro que hubo héroes y santos, pero eran la excepción.

Eso explica en parte el sentimiento de culpa de los sobrevivientes. Recuerdan que los mejores quedaron en el camino y que, para seguir adelante, tuvieron que bajar la cabeza, como les ocurrió cuando no fueron capaces de quitarse la gorra en señas de respeto por quien iba a morir ahorcado gritando para animarles: ánimo “¡compañeros, yo seré el último!”. En lugar de ello recuerda un pesaroso Levi “no nos hemos hemos descubierto la cabeza más que cuando el alemán nos lo ha ordenado… ya no quedan hombres fuertes entre nosotros. El ultimo pende ahora sobre nuestras cabezas y para los demás pocos cabestros han bastado. Pueden venir los rusos: no nos encontrarán más que a los domados, a nosotros los acabados, dignos ahora de la muerte inerme que nos espera. Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes. Henos aquí dóciles bajo vuestras miradas: de nuestra parte nada tenéis que temer: ni actos de rebeldía, ni palabras de desafío, ni siquiera una mirada que juzgue”[4]. Y en el estremecedor relato de Gradowski, el Sonderkommando que escondió su relato entre las piedras de la cámaras de gas antes de ser asesinado, reconoce abatido: “la moral, la ética, igual que la vida, yacen en una tumba”.

No tuvieron dignidad, pero ¿fueron inmorales?. Para hacernos una idea de lo que significa un comportamiento digno en el campo, Levi recurre a la paradógica expresión de “suerte ética”.

Esa suerte él la tuvo y se llamaba Lorenzo, el obrero italiano que durante seis meses le proporcionó pan y sopa, sin nada a cambio: “Es a Lorenzo a quien le debo el estar todavía vivo a día de hoy, no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan simple y tan fácil de ser bueno, que existía todavía, fuera del nuestro, un mundo justo” . Gracias a la bondad de Lorenzo “valía la pena conservarse vivo…Es a Lorenzo a quien le debo el no haber olvidado que yo era un hombre”.

Pero la mayoría no tuvieron la suerte de encontrar un gesto humano. No fueron dignos ¿pero fueron inmorales?.

Si les juzgáramos con los criterios de nuestra moral diríamos que eran unos seres inmorales (egoístas hasta el extremo, insolidarios, despiadados), pero eso ¿quien lo osaría?. Ninguna de nosotros tiene derecho a hacerlo.

Lo que tenemos que hacer es pensar la ética de otra manera. Ser bueno consiste en hacernos cargo de la inhumanidad del otro o, como diría Primo Levi, responder a la pregunta que da título a su libro de memorias: si esto es un hombre. Nos pregunta si esos deportados torturados, humillados y expulsados por los nazis de la condición humana, no son acaso hombres.

El título del libro está tomado de un poema suyo que dice así:

” Vosotros que vivís seguros en vuestros hogares

vosotros que encontráis, cuando regresáis en la tarde, el plato caliente y rostros amigos,

vosotros, considerad si esto es un hombre

el que trabaja en el fango

el que no conoce la paz

el que lucha por un mendrugo de pan

el que muere por un sí o un no.

Considerad si es una mujer

la que no tiene cabellos ni nombre,

ni fuerzas para recordarlo,

vacía la mirada y frío el regazo

como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido.

Os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones,

Al estar en casa, al ir por la calle,

al acostaros, al levantaros.

Repetídselas a vuestros hijos.

O, si no, que vuestra casa se derrumbe,

la enfermedad os imposibilite,

Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Sólo alcanzaremos la dignidad de ser humano si respondemos a esta pregunta que nos hace el otro: si esto es un hombre. En Auschwitz se clausura la ética de la buena conciencia y nace la ética de la alteridad.

Es una pregunta que viene de lejos y que la humanidad se hace en momentos de peligro. Hace unas semanas se recordó en muchos lugares del mundo iberoamericano la pregunta que hizo un fraile dominico, hace cinco siglos, en la Isla Española, ante Colón y demás autoridades españolas. Me refiero al Sermón de Anton Montesino, el cuarto domingo de adviento de 1511. Ante unos conquistadores convencidos de que su superioridad militar y cultural les permitía todo, estos frailes les sorprendieron con una pregunta que conmovió al Imperio: estos indígenas que vosotros maltratáis, explotáis y matáis ¿acaso no son hombres?[5].

“Si esto es un hombre” es una pregunta inquietante pues de su repuesta no sólo depende la humanidad del otro, sino la del que responde. Están en juego las cadenas del otro, pero también las nuestras, hasta el punto de que sólo liberando al otro, nosotros alcanzaremos la libertad.

Repensar la ética a la luz de la barbarie significa reconocer que no nacemos seres humanos. El ser humano es una conquista, una tarea en la que podemos fracasar.

4. Decía al principio que hoy recordamos mucho pero no es seguro que hagamos memoria, es decir, no es seguro que la luz de ese pasado ilumine el presente. No parece que el conocimiento de Auschwitz haya alterado la marcha de los acontecimientos. La razón de esa resistencia personal y colectiva a la significación de la memoria, al peligro que supone la memoria, tiene que ver con la catástrofe humanitaria que supuso el genocidio judío.

En Auschwitz no sólo murió el judío o el gitano, sino también el hombre. Cuando hablamos de “crimen contra la humanidad” no sólo hablamos de genocidio judío (Menschheit), es decir, atentado contra la integridad biológica de la especie, sino también de crimen contra lo humano del hombre, contra sus conquistas civilizatorias frente a la barbarie (Menschlichkeit).

Ejerciendo la barbarie nos hemos empobrecido en humanidad. Y en la medida en que el horror de las cámaras de gas es el final de un largo trayecto de antisemitismo, racismo, intolerancia, en esa misma medida hay que calcular nuestra pobreza en humanidad. No se mata impunemente como bien recuerda Jorge Luis Borges en su relato Deutsches Requiem. Aquel oficial nazi que va a ser ajusticiado reconoce que mataba inocentes para matar la compasión que a veces renacía en él. Eso no se lo podía permitir. Deberíamos estar alerta porque este Occidente culto al que pertenecemos ha hecho grandes renuncias humanitarios o renuncios en humanidad.

Un exjugador del Barcelona, Lilian Thuran, ha organizado en Paris una exposición donde sus ancestros negros eran exhibidos como animales, incluso en el siglo XIX, ante los civilizados europeos. Un superviviente judío húngaro, Bela Zsolt, cuenta en Nueve Maletas que en esos mismos años había un mercado, cerca de la Iglesia de La Trinité, donde se vendían libros con la cubierta en piel arrancada a los senos de jóvenes negras y otros objetos de cuero hecho con piel de mujeres congoleñas. Allí acudían los feligreses después de misa a hacer sus compras.

Venimos de ese pasado y si Auschwitz significa algo es visibilizar el sufrimiento sobre el que se ha construido la historia. El deber de memoria es una invitación al combate contra la barbarie propia o ajena.

5. Permítanme terminar evocando la figura de Jorge Semprún, fallecido el pasado mes de mayo, testigo sobresaliente de la experiencia concentracionaria. Quisiera rescatar ese momento singular que le él llama “fraternidad del morir” . La “muerte fraterna” es una obsesión de Semprún, una expresión extraña porque nada hay tan propio e inalienable como la muerte. Se muere solo. Semprún lo sabe pero la experiencia del campo le ha enseñado el alcance de la solidaridad.

El sentido fraterno de la muerte es lo que le lleva a la cabecera de los que están muriendo “como si el débil estertor de un moribundo fuera la patria a la que no pudiera escapar”. Necesita acompañar a los agonizantes en ese momento decisivo para decirles que no mueren porque Hitler les haya condenado sino porque han elegido libremente la vida y el morir. Acude a la cabecera de los moribundos para arrebatar la muerte al nazi, susurrando al moribundo que “todos nosotros, que íbamos a morir, habíamos escogido la fraternidad de esta muerte por amor a la libertad”, dice en La escritura o la vida..

Este gesto fraterno , supremo, lo encontramos en el relato de la muerte en sus brazos de su maestro Maurice Halbwachs, el autor de extraordinarias investigaciones sobre la memoria, y en la agonía del bravo Diego Morales, un joven combatiente republicano que había pasado por Auschwitz.

De memoria recita un verso de César Vallejo para, a modo de oración, acompañar al moribundo: Al fin la batalla/y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre/y le dijo: “¡no mueras, te amo tanto!”/pero el cadáver, ay, siguió muriendo…”.

Lo que resulta conmovedor en el gesto de Semprun es la seriedad del combate. La lucha contra el mal absoluto, que él coloca en la voluntad nazi de controlar no la vida sino la muerte, obliga a un compromiso total. Contra el mal había que luchar en La Resistencia y en la cabecera de los moribundos porque la libertad como la justicia nunca están conseguidas. Eso es lo que querían trasmitirnos con su testimonio de supervivientes. Eso es lo que Wiesel y Semprún temían que nosotros no hubiéramos entendido. Por eso sentían que habían fracasado, por eso nosotros hacemos memoria, para recordar que no hay vida sin libertad ni política sin justicia.

Muchas gracias.

El día del Holocausto, en Barcelona (25 de enero del 2012)

Reyes Mate, Profesor Emérito de Investigación del CSIC

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[1] Para un desarrollo de esta historia de la memoria, cf Reyes Mate, 2011, Tratado de la Injusticia, Anthropos, Barcelona, 165 y ss

[2] Para un estudio detallada de la significación de Benjamin, véase Reyes Mate, 2006, Medianoche en la historia. Comentario a las Tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia, Trotta, Madrid

[3] el lector encontrará documentas cada una de las afirmaciones sobre Auschwitz en Reyes Mate, 2003, Por los campos de exterminio, Anthropos, Barcelona, y en Reyes Mate, 2002, Memoria de Auschwitz, Trotta, Madrid,

[4] Los textos de Levi están tomados de Primo Levi, 1988, Si esto es un hombre, Proyectos editoriales, Buenos Aires

[5] Sobre este episodio y sus consecuencias, AAV, 2011, Pensar Europa desde América. Un acontecimiento que cambió el mundo, Anthropos, Barcelona,

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Película de Cronenberg, guión Hampton.
Siempre me ha maravillado la capacidad de aquél que sitúa las cosas en su lugar. Cronenberg demuestra con maestría que el psicoanálisis sigue siendo peligroso, tanto como el inconsciente! Su peligro fundamental consiste en rasgar la ilusión de completud y destripar el fantasma de un hombre feliz.
Es así como nuestro protagonista Carl Jung, rico- guapo- rubio- religioso y brillante…. hace aguas y tropieza con sus pasiones y sus mentiras, o con su Verdad, para acabar extraviado.
Jung en primera fila tumbado en el diván de las pulsiones y Freud detrás ocupando el lugar que le corresponde, como Ur-Fater del psicoanálisis, nuestro Padre.
Esta es la primera tesis de la película: Freud, en tanto Padre de la horda en relación a sus discípulos, que cuestionan su autoridad y desean su muerte.
Esta es la primera tesis de Cronenberg, a mi entender.
La segunda, es el Freud judío versus Jung cristiano. El primero agujerea la completud imaginaria, desmantela la mentira y la expone a cielo abierto: Jung el gran teórico del inconsciente colectivo es victima del suyo propio. La teoría jungiana cae, por ser una racionalización totalitaria que encubre lo inconfesable del sujeto particular.
En 1908 Freud le escribe a K. Abraham: “Recuerde también que Jung, cristiano e hijo de pastor no ha encontrado el camino hacia mí sino venciendo grandes resistencias. Su adhesión tiene mayor valor. Casi iba a decir que su entrada en la escena del psicoanálisis ha alejado el peligro de ver cómo esta ciencia se convierte en una cuestión nacional judía”. El Psicoanálisis, podemos decir, no es una “ciencia judía”, por supuesto, por el mismo deseo explícito de Freud: construir una teoría universal del sujeto psíquico que fuese aceptada por todos.
Por otra parte, sabemos que solo un judío y ateo como Freud podía ser el inventor del Psicoanálisis. Freud puede inventar el psicoanálisis por estar doblemente exiliado. En la medida en que es judío, es exiliado de la cultura dominante de su época por el antisemitismo reinante; pero también por ser ateo se ve exiliado de la ortodoxia religiosa.
Esta ha sido la historia. En vez de esperar indefinidamente la apertura de “la mayoría compacta” (expresión de Freud), él abre una brecha-herida con su teoría que va a trastocar el interior y el exterior de un mito fundamental y mayoritario de Unidad. El judío excluido le recuerda a la humanidad su propia exclusión. La división inapelable del sujeto parlêtre. En este sentido, el judío se equipara con el psicoanalista. Es desde este lugar descentrado o exterior, que el psicoanálisis se convierte en la tercera herida de la humanidad. La que interpela el narcisismo y rasga la cerrazón de una cultura que no quiere saber nada, puesto que está sumida en un sueño dogmático de completud.
Gracias a Cronenberg y a su soberbia película por difundir lo que no se quiere saber y que sin embargo determina nuestro destino.

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Última entrada en Psicoanálisis en tiempos de crisis, el Viernes, 04 de noviembre de 2011, 10:18.
Hace un tiempo, veo a una mujer joven que me cuenta llorando, hace meses que llora “sin motivo”. Caen sus lágrimas, en el trabajo, o en su casa, es presa de unos ataques de llanto que no puede referir a nada. Un médico le dice que quizás bebe demasiada agua, literalm …ente, otro le recomienda ir al oculista. Así son las cosas! En las entrevistas conmigo aparece su soledad infantil, como un boquete, nunca fue motivo de queja. El niño recibe el sentido de su llanto del otro, recibe su sentido. Poder dar sentido a su llanto, a su dolor de existir produce un alivio. Las lágrimas dejan de ser una secreción orgánica, para devenir una categoría subjetiva, habla de sus vínculos y de su historia. Encuentra las palabras que dicen su tristeza y desamparo.
Lo novedoso para un psicoanalista es que no haya síntomas, eso es lo preocupante. Uno se pone a temblar cuando escucha, que nunca le paso nada al sujeto o que “no le ha faltado nada”.

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De “Psicoanálisis en tiempos de crisis”
Un breve fragmento clínico, una paciente, primera entrevista, me cuenta que en su empresa de abogados rige el “up or out” (arriba o fuera). Este es el mandato que soportan todos los empleados. Así ella, con 30 años, ha viajado por varios Bufetes de abogados, que comparten la misma consigna. En la clínica, da cuenta de rasgos paranoides presentes sobre todo en su lugar de trabajo.
“Arriba o fuera” nos recuerda el “schnell, schnell” (rápido, rápido) un grito que marcaba la cadencia de la operación del exterminio en los Campos de concentración.

Hay que distinguir en primer lugar entre miedo y angustia, dos conceptos diferentes.
El miedo tendría un objeto amenazante externo, del cual hay que huir necesariamente para protegerse, véase un incendio.
La angustia, no tiene este objeto externo, la amenaza procede del interior de cada sujeto. En un primer momento, la angustia es un afecto inespecífico, que desvela una gran inquietud que el paciente padece sin poder explicar. En un segundo momento, podrá formarse un síntoma específico como la fobia. En la fobia la angustia deja de ser flotante y es acotada y ligada a un objeto externo determinado, un animal, avión, coche, que pueden ser evitados.
Primer sueño en análisis, una pesadilla: él conducía un coche. Cree que iba con su madre. Recuerda poco. Siente que pierde el control, no le va el freno de mano, los elevalunas no le responden… No podía frenar ni abrir las ventanas. Despierta sobresaltado con mucho agobio. Sus asociaciones giran en torno a una “comunión total” con su madre, dónde él se pierde, su proximidad le produce malestar.
Actualmente, despues de un tiempo de terapia, el sabe que las riendas de su deseo las tiene él para conducir su vida, aún cuando decida darse por vencido.
Si nuestro sujeto angustiado se encuentra con un psicoanalista, este le invitará a hablar, lo más libremente posible- regla de la asociación libre, para encontrar su verdad particular, el sentido de su síntoma. Veo pacientes derivados por psiquiatras, que han ido a los Servicios de Urgencia, por un ataque de angustia, o de pánico. En su mayoría vienen poli-medicados y sin embargo acuden, para entender algo más.
El síntoma nunca es ajeno a la historia del sujeto, a sus vínculos fundamentales y a sus fantasías inconscientes, hay que descifrarlo para poder reducirlo.

Sí, está claro que hay que reflexionar y actuar con premura. El empuje hacia una globalización homogeneizante no se detiene. El empuje hacia una cretinización galopante, tampoco. Se multiplica la producción de sujetos planos, sin criterio propio, robotizados y manejados por los mandatos del mercado.
He visto padres que les pagan a sus hijas una reduccion o un aumento mamario, regalo de Navidad, o de Reyes.
Narices, pechos, labios, y otros se cambian a gogo.Todo parece posible.
La construccion del cuerpo no sólo es simbólica e imaginaria, hoy es real. De eso habla tambien Almodóvar en su última pelicula. Dificilmente podrás convencer a un transexual que su identidad no se juega en la superficie de su cuerpo. Lo que si capta éste último es que el Amo no es ajeno a su alienacion y que debe pagarle su diferencia. Esta es una nueva forma de rentismo que se observa en diferentes situaciones: el sujeto demanda al Amo y le reclama que salde la diferencia, que pague la cuenta del malestar.
Observamos un empecinamiento puesto en la imagen. Cada uno supuestamente puede tener el cuerpo que quiera, pero la paradoja resultante finalmente es el ejercito de clonados, cortados sobre el mismo patrón, el individuo o el sujeto se disuelve en la masa.
El cuerpo, su imagen se convierten en el resto de la subjetividad. Lo que el individuo intenta esgrimir para diferenciarse cae a menudo y se pierde ante la presión externa unificadora.
El modelo ideal vigente se rige por la delgadez, la hiperactividad y la inmortalidad, o sea la omnipotencia. Esta referencia que funciona en lo social produce contagio en la masa, pero no sostiene la subjetividad por denegar la castración, es decir, las limitaciones de la condición humana.
El sujeto ya no encarna un ideal para la familia ni para la sociedad sino que es su síntoma, si se resiste y no se calla hace estorbo y se convierte en presencia agresiva, objeto de agresiones. Es decir, suscita violencia.

Hoy, parece que se impone el narcisismo y la afirmación del yo, de un yo sin faltas
ni perdidas, un TODO, intemporal. En esta afirmación y de su “autoestima” –eso se
escucha ad nauseam– se vuelcan hoy un sector de la Psiquiatría y del Conductismo. Es
la Cura del Narcisismo y del refuerzo yoico. Me falla la autoestima, dice el paciente,
y el terapeuta le replica: ¡Quiérete a ti mismo! Creo que es hora de salir al encuentro
de esos pseudo “tratamientos” que desconocen la esencia del sujeto con argumentos
válidos de nuestra teoría y clínica. En la clínica observamos que los ataques de ansiedad
o de pánico vienen a delatar el fracaso de este intento por implantar una prótesis de
completud infalible.

Aparentemente, asistimos al triunfo del YO y de una imagen vigorizada que encuentran su
fascinación en el espejo. Sin embargo, esta operación es mortífera y reduce el sujeto a
un objeto alienado al Otro y a sus mandatos, cada vez más frágil a pesar de su
desarrollo muscular. El narcisismo determina las formas de goce para un sujeto que se
defiende con su imagen ya que ésta es el soporte de su identidad.

Este sujeto, o lo que queda de él, es lo que llega, a veces, a nuestra consulta.
Hace poco recibo a un sujeto joven, muy enclenque, con “ataques de pánico”. Tras una
intervención de cirugía estética, operación que se suele hacer sin ningún escrúpulo,
empiezan sus ataques. A veces, el bisturí quita lo que sobra, o pone lo que falta sin
contemplar las consecuencias. Su cuerpo ha sido tocado y no responde como coraza
identitaria. En sus sueños se suceden actos de suma violencia: él liquida a sus agresores.
Se pasa el día en el Gimnasio.

Seguirá…

Psicoanálisis en tiempos de crisis, es una nueva página en Facebook, un intento de
decir algo en tiempos de crisis acerca de las turbulencias actuales y de sus efectos
sobre nosotros, en nuestra clínica y en nuestra sociedad. Espero y deseo recibir tus
aportaciones e intercambios, sin los cuales esto no tendrá mucho sentido.

Un síntoma actual, uno entre tantos, pero este especialmente doloroso, es la amenaza
de cierre que recae sobre Xoroi, librería que representa el psicoanálisis en esta ciudad. Una librería de psicoanálisis como ésta, la única, no puede cerrar sin implicarnos a
todos. Es una cuestión ética personal y colectiva, la que nos une al Libro y a la causa. Compartimos, entre varios, el reto de reconducir esta amenaza y darle a Xoroi y a
nosotros un nuevo y estable proyecto de existencia y continuidad, el que se merece.

Se multiplican los Gimnasios y cierran las librerías, curioso ¿verdad? Acaso avanzamos
hacia la consecución de un sujeto decapitado, que resuelve así sus dolores de cabeza.

http://www.facebook.com/psicoanalisisentiemposdecrisis

Éste es mi lamento, tras el huracán que arrasó España el 22 de mayo, tiñéndola de un solo color: el color de la derecha. ¿Cómo se define la derecha actualmente? Sobre todo por su egolatría y conservadurismo; un rebaño capitalista que se desentiende de la ética y de la solidaridad imprescindibles en toda convivencia. Un sistema que ignora a sus integrantes. ¡Así están las cosas!

Sin embargo, hay un contrapunto, ha nacido el Sol, una alternativa de largo alcance: la “Spanishrevolution”. La indignación aquí es compartida con los que están hartos de soportar lo insoportable, véanse los excesos de todo tipo, las corruptelas, la xenofobia, los recortes para los más recortados: en suma, la injusticia social generalizada.

¿Cómo se define este despertar? En primer lugar es alegre, hay una alegría del reencuentro en las plazas. No hay palos ni fuerzas del orden, esos también están hermanados en la indignación y no van a cargar.

La afluencia es masiva, no es cosa de pocos sino de multitudes.

El movimiento se ha globalizado. En Bruselas también sale el Sol, y en tantos otros lugares, contagiados por este reguero de esperanza.

Hay un deseo mundial de cambios que apuntan a muchas cuestiones esenciales, pero sobre todo apuntan a cambiar las tiranías y connivencia entre poder político y poder económico. Todo ello sostenido por Internet: el movimiento nace en la Red y acaba en la calle; éste es el salto histórico. Internet vehicula la nueva conciencia y los derechos del hombre.
Curiosamente, la izquierda, definitivamente castigada, queda fuera del mapa político. La izquierda, ahora en la oposición, ¿podría acercarse al 15 de mayo para recuperar el lugar que le corresponde? Esta es, por lo menos, la expresión de un deseo.

Se perfila, a mi entender, LA ESPAÑA DECANTADA entre sistema y antisistema, o la humanización de un sistema, para los humanos que nos ha tocado vivirlo.

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