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Considero que este Acto realizado el 4 de Febrero, organizado por el Espai Freud, ha sido un éxito. Éxito, en primer lugar, para el Psicoanálisis y su transmisión. Ha gozado asimismo, de una gran afluencia de público atento y entusiasta. Se entremezclaban algunos psicoanalistas, que no eran mayoría, con estudiosos jóvenes, muchas personas cercanas, o atravesadas por el Psicoanálisis.
La coordinadora de la Mesa agradeció al COPC y a la nueva Junta su acogida. Hizo una pintura rápida introductoria en torno a las curas. Wo es war soll ich werden, dónde ello era el sujeto debe advenir, dice Freud, un sujeto deseante y libre, en lo posible, de los mandatos ajenos. Para algunas terapias el sujeto no existe, su palabra tampoco. Existe el mandato del “traga y calla”. No hay historia, ni hay memoria que sitúe el sujeto en sus vínculos y en sus coordenadas simbólicas…..deviene un objeto pasivo del Otro.
La Mesa, integrada por cuatro analistas veteranos, con diferentes estilos y orientaciones teóricas, se ha ceñido con rigor y creatividad al tema convocado. Coincidiendo todos en la eficacia curativa del psicoanálisis y en su capacidad de reducir síntomas y sufrimiento. Pero a la vez, en su apuesta, mas allá de eso, por una transformación subjetiva, en tanto es un proyecto de cambio subjetivo.
Les transmito un brevísimo resumen orientativo de lo escuchado.
Rosa Royo, empezó hablando de “Lo que no se puede decir ni escuchar” como la materia prima del psicoanálisis, de la que se nutren los conflictos y padecimientos humanos.
Conocemos la sordera del otro y las marcas que deja en el sujeto, por ello el interlocutor que se va a encontrar determinará su cura. Los psicoanalistas sabemos –decía Rosa- la importancia de la relación en la terapia y por eso, “probamos nuestra propia medicina”. Nos psicoanalizamos para comprender mejor nuestras dinámicas internas y externas. Y a modo de cierre aportó una cita de Freud, que dice algo del final o finalidad de un análisis: “Pasar del padecimiento neurótico al infortunio cotidiano”. Freud también hablaba del final de un análisis como la posibilidad de trabajar y de amar. Nos quedamos con las ganas de saber más acerca de su trabajo con niños, adolescentes y adultos maltratados.
Laura Kait, hizo una distinción entre los modos de curar para definir el modus operandi del psicoanálisis, por la palabra, es decir la asociación libre, la interpretación y la transferencia. Habló también de los mandatos actuales: “al niño se le quiere sentado”, si no se le considera un hiperactivo que hay que reconducir y medicar.
Introdujo Laura una información de la Red Umbral, que ella coordina. Citó de pasada un Grupo de mujeres fibromiálgicas, enfermedades habitualmente consideradas como crónicas. Hizo hincapié en la atención individual llevada a las escuelas, fundaciones, centros cívicos, centros de servicios sociales. En la actualidad, 16 psicoanalistas participan del proyecto Pro-Infancia, atendiendo en Badalona a niños y adolescentes en riesgo de exclusión social, inmigrantes. En suma, hemos podido comprobar que fuera de la cura tipo los psicoanalistas también están en lo social, dónde ponen a prueba la eficacia del psicoanálisis.
Manuel Baldiz, enunció tres principios para definir la cura. El psicoanálisis cura, pero no de la manera en que el paciente querría ser curado. El psicoanalista no es el que cura, si bien son imprescindibles su presencia, su escucha y su acto. El instrumento terapéutico prínceps es la palabra, aunque el psicoanálisis apunta precisamente más allá de las mismas.
Nos ofreció, asimismo, una definición de la interpretación: “a diferencia de otras terapias, la interpretación analítica es aquella que no se podría decir de otro modo, con otros significantes”.
Siguiendo a Freud habló del analista escultor, tallista, que obra “per via di levare”.
Cuando todos buscan el pleno, el psicoanálisis talla, introduce la falta. ¿Será eso lo que el paciente no se esperaba?
Joseph Knobel, define la cura como un proceso de historificación, una historia que se reescribe. “Como efecto de estructura, dice Joseph, el niño está preso en su posición de dependencia frente al adulto. Al niño no se lo puede curar de la presencia de los padres. Sólo se lo podrá ayudar a cambiar su posición subjetiva, ubicándose de manera distinta frente a la castración y al deseo del Otro”.
Los dos casos que nos contó impactan por ser paradigmáticos, la primera, una niña adoptada, “no tiene futuro” esta es la sentencia materna. Y el otro, adolescente, “quiere desaparecer”.
Lo que ocurre en algunas familias, el rechazo del sujeto, se reencuentra también en nuestra cultura. Podemos preguntarnos si éste es un paisaje frecuente de la clínica infantil y adolescente. Pintura negra como las de Goya, pintando a Saturno que devora a sus hijos.
El tiempo que nos ha tocado vivir tiende, a veces, a la exclusión del sujeto, convertido en una molestia. ¿Qué será de él?
Están los tiempos de Freud y los nuestros. Por eso, sostener el discurso analítico hoy va incluso más allá de la cura. Es sostener la subjetividad, el derecho a la diferencia y al deseo propio, de un sujeto libre de las presiones del Otro.
Todos aquellos que deseen leer o comentar los textos íntegros, podrán encontrarlos en el Blog del Espai Freud (http://espaifreud.blogspot.com), o en este mismo.
Gracias a todos.

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One Comment

  1. “Sostener el discurso analítico hoy va incluso más allá de la cura. Es sostener la subjetividad…” Po sí. Saludos


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