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Monthly Archives: agosto 2014

El psicoanálisis ofrece criterios imprescindibles a la hora de hacer una lectura del malestar actual. Permite pensar los resortes de la subjetividad que no están sometidos a las transformaciones sociales y también el alcance de los cambios. Los nuevos paradigmas transforman el lazo social y amenazan la supervivencia ética de nuestra especie, mas amenazada en este terreno que en cualquier otro.
Con el psicoanálisis sabemos que la búsqueda de la felicidad está regida en gran parte por la pulsión, ingobernable y acéfala, el sujeto no goza de ninguna libertad, es esclavo de un impulso que lo empuja hacia un placer cuya naturaleza es paradójica, puesto que no se confunde con lo bueno o lo agradable. Freud añade una cuarta causa a las tres que condicionan el malestar humano, externas. La fuente más incontrolable del sufrimiento la encuentra el humano en si mismo: ante todo el hombre es un lobo para sí, nadie esta a salvo, el sujeto sufre la amenaza constante de su propia traición.
No podemos olvidar la importancia del vínculo -la transferencia- como condición para adquirir un conocimiento. Observamos cierta decadencia del maestro y una degradación del saber. “Un maestro es quien sabe conservar vivo el espíritu socrático de la pregunta y su enseñanza consiste en darnos la mejor prueba de su amor: lograr que aprendamos la única lección magistral que nos pone en el camino de un saber verdadero, y que consiste en percatarnos de que ninguna palabra puede decir toda la verdad.”
GS afirma que debemos exigir a un autor que su obra y conducta estén a la altura de unos principios éticos, y nombra a Celine y Heidegger. Por mucho que este último haya aportado a la filosofía, su compromiso con el nazismo es inaceptable.
Posición ética significa dar la palabra al sujeto verdadero, secuestrado por el silencio del paradigma científico que lo condena sin contemplaciones.
Levinas, nos ofrece una ética de la alteridad, con el “rostro” del otro en el fondo de la condición humana.
El amor solo se cotiza si es puesto en circulación a cambio de nada y se afirma cuando es capaz de renunciar al espejismo de la unidad con el otro. La valentía del amor se mide por su virtud para reconocer lo que en el otro se nos presenta bajo la forma de la diferencia, y aun así, es capaz de acoger esa otredad, renuncia a las envolturas narcisistas y al fantasma de completitud.
Un pequeño paréntesis, en La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han, habla de la esclavitud de un sujeto que se cree en libertad. Tan encadenado como Prometeo, por el sistema y por si mismo. El superyo, su águila, le devora su hígado.
Prometeo de Franz Kafka
De Prometeo nos hablan cuatro leyendas.
Según la primera, lo amarraron al Cáucaso por haber dado a conocer a
los hombres los secretos divinos, y los dioses enviaron numerosas
águilas a devorar su hígado, en continua renovación.
De acuerdo con la segunda, Prometeo, deshecho por el dolor que le
producían los picos desgarradores, se fue empotrando en la roca hasta
llegar a fundirse con ella.
Conforme a la tercera, su traición paso al olvido con el correr de los
siglos. Los dioses lo olvidaron, las águilas, lo olvidaron, el mismo se
olvidó.
Con arreglo a la cuarta, todos se aburrieron de esa historia absurda.
Se aburrieron los dioses, se aburrieron las águilas y la herida se cerró
de tedio.
Solo permaneció el inexplicable peñasco.
La leyenda pretende descifrar lo indescifrable.
Como surgida de una verdad, tiene que remontarse a lo indescifrable.

Predomina una tendencia que repele todo lo que es extraño, dice Han. Aun cuando el extraño no tenga ninguna intención hostil, incluso cuando de él no parta ningún peligro, será eliminado a causa de su otredad. Lo extraño se reduce a una formula del consumo, se sustituye por lo exótico. El turista se convierte en consumidor de lo exótico.

Retornando, GS destaca la vigencia de “Psicología de las masas…”. Insiste en su actualidad e interés, mostrando los efectos devastadores producidos por el retorno de aquella parte de la verdad que el paradigma científico-técnico ataca, o elige desconocer.
“Liquido” es el concepto con el cual Bauman interpreta el resquebrajamiento (o disolución) de nuestra civilización. GD, aproxima este concepto a la caída de la “Imago paterna”. A la decadencia de Dios y del padre le sigue, o sustituye, la entronización de la técnica como instrumento de un liberalismo desnudo, desembarazado de sus clásicos disfraces morales e ideológicos que apuntan a diluir todo aquello que se empeñe en conservar su especificidad y diferencia. El discurso contemporáneo solo admite las diferencias en la medida que no comprometan ni afecten los intereses del mercado.
La comunidad gay, por ejemplo, es reconocida solo a partir del momento que demuestra su capacidad potencial de consumo. “cualquier disimetría es bienvenida siempre y cuando se asimile a la normativización del sistema global, convirtiéndose así en un nuevo producto.
Otra cuestión importante que destaca GS: la “desintricación pulsional”. Según Freud la “pulsión de muerte” es la fuerza repetitiva y demoníaca, lo real humano en lo individual y colectivo. Parte sustancial de nuestra subjetividad. El Eros se articula con el Tanatos, los deseos de vida se entremezclan con los de destrucción. Esa intricación significa que los deseos vida y amor hacen barrera y limite a la tendencia mortífera de la pulsión de muerte. Cuando se rompe este equilibrio –desintricación pulsional-, la pulsión de muerte se impone con su fuerza autodestructiva: el suicidio melancólico o la agresión criminal. Se observa, la instigación -en lo social- de las diferentes formas de odio. En la actualidad, la forma mas patente de esta desintricación, es la convergencia del discurso capitalista y del discurso científico-técnico, con el propósito de establecer el absolutismo de un modelo definitivo e imperecedero de la Verdad.
La degradación liquida del amor es un grave síntoma de nuestra época….el discurso neoliberal encuentra cada vez menos obstáculos para convertirnos, a cada uno de nosotros, en mercancía.
El psicoanálisis no puede descuidar las profundas transformaciones sociales que tocan a los fundamentos de la civilización, generando nuevos síntomas a los que la clínica debe dar una respuesta, para que se distingan de los presupuestos policiales de la bio-politica.
Sin los conceptos psicoanalíticos de inconsciente, pulsión, lógica del significante y teoría del goce, la sociología corre el riesgo de convertirse en metafísica.
Freud cita a Goethe: “todo se soporta en esta vida, menos una sucesión de buenos días”
El sufrimiento puede ser una condición perdurable…la felicidad se percibe como un momento fugaz. Ergo, la mayor parte del tiempo sufrimos en alguna medida.
En el Malestar en la cultura, Freud nombra tres causas para el sufrimiento humano: los poderes de la naturaleza, la fragilidad de nuestro cuerpo, la dificultad de los vínculos entre humanos, en la familia, Estado y sociedad. La cuarta causa, la más temible, es la vocación de sufridor del sujeto, ésta es interior a su propia estructura.
Difícil dilema, equilibrar la seguridad con la libertad, la eutopia es utópica.
Seguridad y libertad son irreconciliables. Freud llega a la conclusión que la mayoría de síntomas se deben a la renuncia a una gran parte de libertad a cambio de un gran incremento de la seguridad. Esa libertad es el precio que exige la civilización.
Actualmente, podríamos pensar que el descontento del humano se debe al haber renunciado a demasiada seguridad a cambio de una expansión inaudita de libertad.
SICHEHEIT: certeza, seguridad y protección. El padecimiento de la felicidad truncada es el precio que se paga por las delicias de la protección. La fuente del padecimiento individual es la carencia de seguridad que envenena el goce de una libertad sin precedentes. ¿Nos hemos pasado de la raya?
Los políticos prefieren atribuir el sufrimiento de sus votantes a causas que ellos pueden combatir, por ejemplo, la lucha contra la inmigración, antes que admitir la causa verdadera de la incertidumbre que no quieren combatir: inestabilidad del empleo, amenazas del despido, transformación de los mercados laborales, inquietud por el sustento de la vejez, fragilidad general de los lazos humanos.
Vivir a la intemperie es no saber lo que te depara el futuro. Condiciones de incertidumbre prolongada producen humillación, desorientación, o impotencia. Nadie es dueño de su destino. En nuestra sociedad individualizada, donde cada cual es responsable de sus logros, los efectos de no poder controlar el éxito propio son nefastos para la autoestima. Por ello la depresión es hoy la dolencia más común. Crece el colectivo incluido en la categoría de PRECARIADO, o sea incertidumbre existencial. Hoy en día mucha gente cedería gran parte de su libertad para ganar seguridad existencial. Si el hombre es un lobo para si mismo, no hay seguridad que valga. La seguridad es un anhelo pero su promesa es mentirosa.
Ulrich Beck, “el individuo posmoderno es aquel que se ve obligado a buscar soluciones biográficas a problemas sistémicos”. En los Grupos de personas en el paro que he coordinado se observa una culpa que no tendría que asumir el sujeto, no le corresponde.
Por encima de todos los miedos que nos acechan esta el más temible que nos habita y que se llama pulsión de muerte, la aptitud humana para la autodestrucción. La tendencia al suicidio es superior a la del crimen, monstruosa inmolación de la que el ser humano es capaz.
Se podría pensar el nazismo como una voluntad feroz de aniquilación absoluta donde ni ellos mismos se podían salvar, sin salida.
El humano actual es indefenso- estado liquido de la civilización- sufre la inexistencia de Dios, o de figuras que ofrecían algún amparo para mantener a distancia del horror interno.
Se pone de manifiesto una desconfianza en la soberanía de la razón y del progreso, que sin ser un pesimismo nihilista, es una apuesta decidida por las formas de dignidad que el hombre puede adoptar.
SB: los analistas reciben hoy más que nunca las victimas de la incertidumbre, inseguridad y desprotección, los peores azotes.
Pasaje de una sociedad de productores-trabajadores y soldados- a una de consumidores.
El temor a la masturbación infantil, un fantasma de antaño, tenía un beneficio que era la cercanía de los padres. Hoy en el modernidad liquida el peligro es el “abuso sexual” infantil, aumentan las denuncias. Ahora los padres devienen pares.
A medida que ganan terreno los placeres egoístas de una gratificación instantánea, aumenta la propensión a autodestruirse, lo que salva al individuo de la autodestrucción es el sometimiento a la sociedad.
La distancia intergeneracional se ha acortado y aparecen síntomas como el pánico al abuso sexual que sitúa al padre bajo sospecha siempre y releva al adulto de sus deberes. Se agudiza un proceso de mercantilización de las relaciones padres hijos: pujante tendencia de mediatizar este vínculo a través del mercado del consumo.
Casi todas las fiestas familiares, sociales, religiosas, se transforman en la ocasión de comprar regalos, que fomentan, a su vez, la exhibición y competencia entre niños. La sociedad gratifica las virtudes del consumidor. La salvación para la crisis económica actual es el relanzamiento del consumo. Los parias actuales no son los que fracasan en su capacidad productiva sino los que han fallado como consumidores y quedan fuera del juego de las compras.
Lo que atormenta a los jóvenes de hoy no son las prohibiciones sino la permisividad abrumadora abierta por el don de la libertad consumista. La ansiedad de hacer la mejor elección en el menor tiempo y con la abundancia de de opciones, hacer la mejor elección disponible. Contrariamente a los padres y abuelos que se han criado en el estadio sólido, cuando el ideal era ser productor y soldado.
Lo importante para los jóvenes no es la configuración de la identidad sino la capacidad de re-configurarse cada vez que toque hacerlo. Las identidades son desechables, biodegradables. La identidad se inspira (Bourdieu) en la “pensée unique” regida por el mercado. Ver el esquema de Freud en “Psicología de la masas..”, el mercado ocupa el lugar del Ideal lider.
SB habla de una sociología donde la lógica colectiva no se desentiende de lo subjetivo.
Freud releva lo real de la conducta human, lo que no cambia, lo imposible, lo que no se educa ni se enseña ni modifica con las transformaciones de una época. El amor puede cambiar pero la función inconsciente que cumple en el hablante no cambia, mientras ese se considere humano.
El papel de los padres en la sexualidad de sus hijos se ha transformado en una amenaza paranoide, resultado de la “sociedad de la transparencia”, el ideal de una representación total “todo lo real puede ser llevado al plano de la imagen, el calculo y la medición”
Sabemos que los deseos necesitan del misterio para sobrevivir. Si se desvelan demasiado se corre el riesgo que nuestros mas allegados se conviertan en nuestros perseguidores.
El humano es capturado en el discurso capitalista por su propia estructura. No se trata solo de una dictadura unívoca del mercado. Conocemos la función del objeto en la dinámica psíquica. La concepción freudiana de pulsión es uno de los descubrimientos más importantes de la historia del pensamiento, destaca GS.
Con Apple, Steve Jobs logra invertir lo que Max Weber denomino- pensando en el efecto de la ciencia- “el desencantamiento del mundo” ya que le devuelve al mundo su cualidad mágica. Se trata de un reencantamiento por vía de la ciencia y la técnica, bajo forma del objeto y la creencia en su poder mágico. El smartphone ha repoblado el mundo de pequeños dioses. Sin olvidar la frustración del objeto de consumo, elemento importante en la lógica del mercado. El éxito del capitalismo se debe al hecho de haber captado las leyes de la subjetividad, mientras que el socialismo real les ha dado la espalda intentando imponer un ideal humano que se desentendió del deseo humano.
El deseo no se contenta jamás con su objeto, se empeña en su búsqueda siempre frustrante, el deseo es insatisfecho por definición. El objeto de consumo con su caducidad material, pero también con su valor imaginario de fetiche, es el señuelo ideal: mezcla de placer y decepción que nos atrapa en el espejismo del consumo.
Comprar un smartphone el mismo día que se anuncia la salida de otro, dentro de unos meses, tiene su aliciente imparable. Es así como la vida encuentra así una renovación de su sentido. El deseo se recarga en su movimiento eterno hacia la nada. El consumidor no es una victima indefensa de los imperativos del mercado. ¿Existe el adicto sin la droga?
El consumidor también tiene sus recursos. Las acciones de Apple caen en picado cuando no satisfacen su fantasma.
Marx habla del “fetichismo de la mercancía”, observación lúcida sobre el objeto. Marx abre un camino fundamental en la comprensión teórica del objeto al distinguir entre su valor de uso y su valor de cambio. Freud demuestra que el objeto posee ante todo un valor libidinal. Comprender eso es captar algunas de las transformaciones más decisivas de nuestro mundo contemporáneo.
Primero, Freud indica que no hay adecuación del objeto para el humano, ni siquiera en las necesidades del hambre y la sed. Los casos de hospitalismo de Spitz demuestran que no solo de pan vive el hombre. Freud, postula que el lugar del objeto esta vacante. Este vacío, producido por la operación del lenguaje en el humano hace que este busque llenar esta hiancia. Este vacío fundacional en el humano introduce la dimensión de una perdida irreparable. El humano lo vive como una perdida y no como una imposibilidad estructural. Sin embargo, esta perdida es la condición del deseo, deseo inconsciente. Lo que se quiere y lo que se desea sufren una separación irreconciliable. La perdida es imposible de colmar, ningún sustituto logra restituir la fantasía de lo perdido. Sin embargo, la pérdida no solo es fuente de dolor sino que es motor de vida. LEBENSTRIEB, pulsión de vida. No hay satisfacción plena, queda solo el recorrido en su búsqueda.
Al mismo tiempo, si uno encuentra el objeto que se aviene a su deseo inconsciente, objeto sexual, se produce una fijación difícil de modificar. Tenemos la ausencia de un objeto predeterminado y el hallazgo del objeto, al cual el sujeto puede quedar adherido para el resto de su vida. Sin embargo, el deseo es siempre deseo de otra cosa. El psicoanálisis es una experiencia ética que consiste en la reconciliación del sujeto con esta inconveniencia incurable con la que tendrá que aprender a vivir
Un objeto de consumo no es un objeto de necesidad. El capitalismo no hubiera podido existir solo con los objetos de la necesidad. Por eso se dedica a la fabricación masiva de objetos que entran en la sintonía del objeto inconsciente, que opera como causa de nuestros deseos. El deseo es la perversión de una necesidad, eso convierte a nuestra especie en la única entre los vivientes. Un objeto técnico cobra un valor libidinal, colas del smartphones, promesas de la satisfacción.
El mercado y el sujeto se ven atrapados ambos en un circuito perverso, cada producto que sale al mercado se convierte inmediatamente en caduco, el sujeto demanda lo nuevo, cada vez más nuevo y mas rápido, lo que dura la satisfacción.
Tras la caída del Padre, solo nos quedan dos posibilidades, recurrir a los asesores, o darse de baja, convertirse en menor. Esta es la liquefacción de la función paterna, excelente fuente de negocios, pero gran productora de síntomas.
Los logros de la ciencia son incuestionables, el problema comienza cuando la ciencia y la técnica amenaza con aplastar incluso al discurso científico y se imponen como verdad absoluta. Cuando eso invade el mundo de la subjetividad y del lazo social, aparece una amenaza sin precedentes. Auschwitz fue la fiesta inaugural, un ensayo profético de un nuevo paradigma histórico, en el que la ideología del progreso ha mostrado su sentido letal.
La pulsión de muerte no es un instinto sino una condición destructiva de la razón humana.
Dualismo entre el principio de placer y de realidad. Esos conceptos están tan incorporados al lenguaje como si hubieran existido siempre. Primera hipótesis de Freud la vida psíquica regida por el principio de placer, búsqueda del placer y evitación del displacer. Freud escoge las palabras y no las neuronas.
Freud asocia el placer al deseo, al deseo reprimido, de ahí la complejidad de la cuestión. El deseo es perturbador y no se le puede vivir solo como placentero. El principio de realidad ayuda al principio de placer a desprenderse de la satisfacción alucinatoria solo como placentera.
Pretender el fin de la dualidad de los dos principios es la demostración de la existencia de Dios, o sea un imposible.
La concepción totalitaria del progreso, de disolución del dualismo promete lo peor.
El deber del pensamiento crítico es alertar contra la impostura que puede suponer el uso perverso de la palabra “ciencia”. Freud da cuenta de una constante desconfianza en el progreso ilustrado y afirma que la contingencia es irradicable de la historia y del sujeto de la palabra. Por eso el cientificismo ha incluido el psicoanálisis en la lista de sus enemigos públicos. El absolutismo se topa con un obstáculo que cuestiona el mesianismo de la evaluación y la ideología paranoica de la seguridad.
Dios es el resultado de un grandioso proceso de sublimación. Concentrar los miedos del humano en uno solo es una fabulosa conquista que ha hecho tolerable la existencia del hombre acechada por innumerables peligros. El poder de Dios no proviene de su misericordia sino de la imposibilidad de saber qué es lo que quiere de nosotros. El libro de Job demuestra que mas allá de asegurar el amor de Dios con la obediencia, hay un deseo oscuro suyo que demanda sacrificios. ¿Qué es lo que quiere de mí? Esa es la pregunta terrible con la cual se ve confrontado el humano. El libro de Job se ha escrito para demostrar que la incertidumbre y la insensatez no nos van a abandonar jamás. Dios no es capaz de ordenar el sinsentido y el caos de la vida, él mismo contribuye a mantenerlos.
Totem y Tabú, el mito del parricidio como metáfora, tiene la función de explicar la lógica sobre la que se construye el mecanismo de la cultura y del lazo social. El padre originario funda la prohibición, en un principio totalmente arbitrario. Su muerte convierte la prohibición en Ley.
Nuestra gran cuestión, cual es la carencia, una ausencia incurable que explica nuestra disposición a someternos a la voluntad del Otro.
El ateismo, el verdadero, consiste en mucho mas que no creer en Dios y se define por no creer en la omnipotencia de ningún Otro.
La omnipotencia de Dios, o de los poderes actuales globales, es sostenido por la carencia estructural del hombre, incurable, de una enfermedad llamada lenguaje. Un humano fallido que lleva su tara y cuya búsqueda está siempre destinada a la insatisfacción. Eso es así desde el mismo momento de su nacimiento, el desamparo está presente, por mucho amor que se le ofrezca. Como sujeto de la palabra todo su existencia esta afectada por una ignorancia fundante (inconsciente) un no saber radical. ¿Quiénes somos, cual es nuestro deseo, deseamos lo que queremos, en que consiste ser hombre o mujer?
Tantas preguntas se dirigen hacia un ser superior en la búsqueda de respuestas.
Freud descubre que la satisfacción en el humano no esta malograda por motivos externos, que pueden intervenir como factores contingentes. La satisfacción fracasa por motivos internos de la subjetividad. El lenguaje altera y pervierte la naturaleza de la necesidad, introduciendola en un circuito infernal. El Otro primordial y la dependencia que supone es el resultado lógico de este desamparo subjetivo. El poder del Otro primordial no consiste en satisfacernos el objeto de la demanda, sino en la posibilidad de negarnos su satisfacción. Es por ello que el don de objeto de la necesidad se transmuta en prueba de amor y que su ausencia constituye la base más primitiva del sentimiento de culpabilidad. Solo esta estructura de la subjetividad explica el sometimiento más incomprensible del humano a esclavitudes inconcebibles.
El poder de Dios consiste mas en aquello de lo que puede privarnos que en lo que esta dispuesto concedernos. Así se configura el poder.
La cura analítica aspira a conducir a un sujeto al reconocimiento de que su carencia solo puede ser asumida en términos de imposibilidad. La impotencia nos sumerge, en la melancolía, el odio, o el sufrimiento. Aceptar la imposibilidad nos ofrece la lucidez para obrar con ella e inventar formas no estandarizadas, para formular las preguntas silenciadas por los ideales de la normalidad.
En suma, podríamos decir que Freud, su pensamiento, no ha perdido todavía sus referencias éticas que nos ayudan a explorar nuestra compleja actualidad.

Y todo ello y más, gracias, otra vez, a esos magníficos autores, Bauman y Dessal, a su reflexión llena de ingenio y sabiduría que sostiene y alienta todavía nuestra esperanza.