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Me pregunta un joven periodista:

“desde el punto de vista de una psicóloga, ¿por qué las cenas de empresa son tan dadas al exceso en todos los aspectos: comida, bebida, incluso comportamientos y devanéos sexuales?
Qué consejo nos darías para no acabar peleándote con alguien o encamándote con alguien que no querrías en una cena de este tipo? Alejarnos del vino? Huida a la francesa?” 

Le contesto:

Soy psicoanalista, eso cambia radicalmente la posición de algunos psicólogos conductistas que se empeñan en dar falsas recetas y conciliarlo todo.

Te voy a enviar una reflexión general acerca de tus preguntas.

La Navidad es una tregua, en una rutina para muchos, tediosa y engorrosa como lo dictan los mandatos capitalistas del trabajo, consumo y sometimiento.

 Nuestro consumidor-consumido se desmelena  por un día, o dos noches, y sueña con una  Felicidad (falicidad) posible, aunque  transitoria. Por un momento breve,  parece que todo esta permitido y que todo es posible y el alcohol viene a potenciar esta creencia delirante.

 Todo el mundo sabe que los Reyes Magos no existen y sin embargo todos se empeñan en repetir la historia. Nuestros sueños son ilusorios, o ilusos, habrá que despertar.  

La Navidad,  como felicidad obligatoria y como imperativo de paz,  no hace mas que acentuar y  agravar la escisión de un mundo que va a la deriva. Como olvidar Aleppo, las pateras, el paro, la pobreza,  guerras, atentados y tantas otras plagas.  Solo la bacanal de las comilonas y borracheras puede ser una respuesta, una “tregua” en el desvarío general.

La única receta para los excesos humanos es conocerlos, no hay otra.  Saber que hay un mal que nos habita y que las pulsiones se desatan cuando el control cede.

Otra receta, es saber que a los máximos excesos de opulencia, grandilocuencia y estupidez, solo les espera la caída. Consume alcohol y todo lo que se vende en nuestros mercados que luego acabaras engrosando el ejército de depresivos…. que consume antidepresivos.

Y sin embargo, hay cambios posibles con una vida regida por una ética renovada que se solidariza con el prójimo desamparado. Vamos a apostar por eso. 

Daniela Aparicio, psicoanalista

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