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El derecho a la autodeterminación no excluye el deber de la autodeterminación, la de cada cual, o sea, ¡la tolerancia de la diferencia!

¿Cómo podría ser de otro modo?

Creo profundamente en una Cataluña catalana, en su gente y en su saber hacer con las diferencias, con un pluralismo respetuoso. Ha sido siempre tierra de todos, tierra de acogidas y tolerancia, a veces incluso excesiva… Pero esa es su auténtica identidad, la aceptación y construcción de un mundo plural que rechaza la identidad absoluta, la que no existe.

La derecha, sus representantes políticos, no son mis interlocutores ni lo serán nunca. Y eso que resulta tan obvio se pierde a veces en la melée maniqueísta. O blanc o negre. Lo siento, queridos amigos, pero las cosas de la convivencia no van así, siempre hay que pactar con el otro, aunque eso nos la repatee.

Esta ha sido la excepcional historia de Cataluña, que ha podido demostrar su diferencia con su gran trabajo, su creatividad infinita en todos los campos a pesar de todos los pesares. A pesar de sus gobernantes estatales y también los locales, no podemos olvidarlo.

Quizás ha llegado el momento de decir BASTA, lo puedo entender, y lo respeto también, como he hecho siempre con la lucha por el cambio, siempre y cuando sea una apuesta ética por una mayor justicia social. Eso último, la justicia social, es y ha sido para mí la mayor apuesta, el fundamento que sostiene nuestro Contrato Social.

Solamente esas palabras para insistir en pro del derecho de autodeterminación, que nunca será unívoca y con la cual tendremos que convivir todos, antes, mientras y después; lo que muchos catalanes saben y han hecho, con la fuerza de las palabras, de los hechos y del trabajo; esa es su identidad, ¡inconfundible!

Amigos, una cosa por encima de todas, esencial para mí y para muchos: no soporto la idea de mártires, muertos caídos por una causa que se puede debatir hablando.

Eso, en el caso de producirse, sería irreversible, este es mi temor personal, insoportable…

Mientras debatimos con acuerdos y desacuerdos, somos un colectivo con una dialéctica posible. La violencia traumática, las victimas, serían una auténtica fractura en ese empeño colectivo de hacer país. Podemos evitarlo.

Cuando escucho la barbarie  del «¡a por ellos!», que somos todos nosotros, me produce un sentimiento déjà vu difícil de expresar. Retornan los fantasmas más traumáticos de antaño. ¿Cómo detenerlos?

Solo la negociación y el diálogo son la respuesta, sabiendo que siempre hay que perder algo de un lado y del otro, para ganar otra cosa.

 

3 Comments

  1. Muy atinado su comentario, poniendo énfasis en la negociación y el diálogo como únicas herramientas para lograr los objetivos deseados. Sigo atentamente sus reflexiones desde Argentina. Mis saludos cordiales.

    • Muchas gracias por su atenta lectura. He intentado entrar en su Blog sin lograrlo, lo siento. Muy cordialmente.

        • lalviso
        • Posted octubre 30, 2017 at 7:31 pm
        • Permalink

        Le agradezco su respuesta. No tengo blog con publicaciones de mi parte pero disfruto leyendo aquellas que usted publica. Saludos cordiales!!


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