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Monthly Archives: septiembre 2019

M.

Película proyectada en la Filmoteca de Cataluña. Dirección: Yolande Zauberman. Francia, 2018. Festival de Cine Judío, 2019. Locarno Film Festival 2018: Premio Especial del Jurado. Presentación a cargo de Arnau Pons.

M: Cuando era un niño, Menahem Lang era conocido por su amabilidad, su compromiso con la escuela talmúdica y especialmente por su voz dorada, lo que lo convirtió en un reconocido intérprete de cantos litúrgicos. Sin embargo, estaba escondiendo un secreto: durante años, fue violado por miembros de su comunidad. Veinte años después, Menahem regresa a la escena del crimen.”

Una aclaración antes de empezar mi comentario. A diferencia de los católicos, los rabinos están obligados a casarse para ejercer como tales. El celibato católico es contrario a la ley judaica, que obliga al religioso a tomar mujer y a sumergirse en los avatares de la vida conyugal, para conocerla y tener hijos, en suma, construir una familia, generalmente muy numerosa. «Creced y multiplicaros», este es el mandato. El placer queda fuera, la especie prevalece. Esta podría ser, en sí misma, una solución para dar salida social a los impulsos sexuales, la común y establecida. ¡Y, sin embargo, no lo es! Misteriosos son los destinos del deseo humano, y también retorcidos.

Además de plantear lo que parece obvio, esto es, denunciar la peor perversión de la ética del religioso –el padre espiritual–, que debería, en lugar de abusar y de gozar del cuerpo del niño, defenderlo, voy a intentar tomar otra tangente. ¡M, de macho! Bien mirado, la película deviene un pequeño tratado sobre la sexualidad masculina, la del macho, no la del hombre. Cuando se prohíbe el placer, se estimula su búsqueda. En este caso, la búsqueda del pene en el cuerpo del otro. Una atracción fatal por la “Coccinelle”, ¿será que todos buscan eso? Una mujer con pene, o simplemente un niño.

En su presentación, Arnau Pons hace un comentario que me ha quedado grabado: «Solo una mujer –la mirada y escucha femenina– podía hacer un película así». ¿Acaso esta es una sentencia para el género masculino?

Con el psicoanálisis sabemos que en la sexuación no hay una división tajante de los géneros masculino y femenino, y que las identidades subjetivas se construyen con elementos inconscientes de ambos, para concluir en una elección de objeto, y una posición masculina o femenina. Sin embargo, las cosas devienen cada vez mas complejas, se multiplican las identidades sexuales en una búsqueda desesperada de identidad.

Lo que sí perdura y domina es lo “nor-mâle” (normal), como dijo Lacan, haciendo un juego de palabras con la “norma macho”, un mandato del macho que somete a los niños a sus exacciones y les impone su voluntad sádica de gozar.

En Kant con Sade, Lacan nos ofrece la cita que toma de Filosofia en el tocador[1]: “Tengo derecho a gozar de tu cuerpo… y este derecho lo ejerceré sin que ningún limite me detenga en el capricho de las exacciones que me venga en ganas saciar”. (Escritos 2, página 747).

Podríamos hablar, como es el caso de la película, de una supremacía del Falo; del falo imaginario, por supuesto, o directamente del pene erecto, incrustado en la mente del hombre y en su fantasma fundamental. El falocentrismo no está en el psicoanálisis, está en el fantasma del macho. Está en la manada que a golpe de pito, y esgrimiendo sus pitos entre ellos y a la vista, violan a una niña indefensa; está en la demostración de su poder aplastante encarnado por el pene erecto.

En la película, no hay niñas, tampoco mujeres, hay una madre, prácticamente ausente, que obedece a la voz de su Amo. Está presente el horror a la castración femenina y a la castración simbólica en general. Hay hombres, es cosa de hombres, que violan niños una y otra vez. La repetición, en hebreo “galgal”, rueda, o el círculo vicioso, da cuenta de eso. ¿Qué es lo que se repite? El deseo es el deseo del Otro, dirá Lacan. Se repiten, pues, las marcas, o las cicatrices del deseo, o de la voluntad impuesta del Otro, y, para el niño, el haber gozado con eso, malgré soi.

El Big Stick, Gran Falo, Gran Garrote impone su ley perversa ante la cual se esfuma incluso la prohibición del incesto. Quién la tiene más grande ha dado pie a muchas guerras. Quien la tiene más grande, pero que la tenga entre las piernas, pues eso crea un destino y una larga historia de aberraciones que sigue su curso.


[1] Sade. (1795). La filosofía en el tocador: Valdemar.