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FÒSSIL. Dirección: Jordi Cortés. Intérpretes y creadores: Mercedes Recacha, Xavier Duacastilla, Jaume Girbau, Anabel Castan, Rita Almeida, Emilio Bravo.
Espectáculo que investiga cómo ser ‘excavadores’ de uno mismo y cómo indagar en la memoria corporal del propio cuerpo y del movimiento primigenio. La memoria es una cualidad propia del material: las piedras, los árboles, la carne, las paredes, la piel … Por tanto, la materia es y tiene memoria. En definitiva, ‘Fósil’ busca, juega, experimenta y profundiza en las grietas mismas de nuestra memoria corporal, de nuestra memoria genética y la memoria de los espacios donde hemos trabajado y compartido nuestras experiencias. De esta manera, ‘Fósil’ crea un diálogo entre un espacio plural y público con nuestro espacio privado e íntimo, en una serie encadenado de resonancias y de ecos.

Por fin, una luciérnaga que ilumina las tinieblas, que nos ilumina a todos con una luz intensa. Con las alas rasgadas, pero con un deseo a prueba de casi todo. El deseo se materializa mas allá del cuerpo que se transforma en otra cosa, en la materia del deseo, casi desencarnado. ¿Qué hacer con lo que queda? Esta sería una pregunta casi cotidiana para cualquiera de nosotros. Todo depende de la respuesta, en este caso patente: no retroceder ante el deseo.
Cuanto se agradece este corte en el ojo, con una nueva mirada que resitua las cosas en dónde deben de estar. El trauma de la ceguera, inicio de la obra, sumerge al público en el desamparo y la angustia de la violencia, fugaz, pero aleccionadora: sólo da una ligera medida del valor que tiene aquel que sufre en su carne frágil los estragos más duros. Hay un cuerpo real y no podemos olvidarlo, luego está el imaginario, la ilusión de una completud imposible, y el cuerpo hablado, simbólico. Nuestro cuerpo es fragmentado, cuerpo compuesto de pedazos varios –propios y otros- que tienden hacia una unidad siempre incompleta. Esta es la dimensión ética de la obra: mostrar la falta o el agujero que nos constituye, lo que todos quieren ocultar, o lo que nadie quiere ver.
Estamos en la época de la ciencia al servicio de la cirugía estética. ¡Esta  lo repara todo! Esas son las tinieblas actuales. Unas imágenes “ideales” que se multiplican como en un espejo roto para intentar suplir los agujeros simbólicos. Imágenes que se confunden con unas prótesis de identidad y fracasan en el intento, ya que no pueden sostener la estructura. La última intención de estas imágenes ideales es la de afirmar su empeño feroz de omnipotencia, el poder con todo sin contar con los limites. Sin contar con la misma condición humana, lo que llamamos la castración, la enfermedad, la muerte, o las faltas del viviente. Más que nunca, el Ideal actual y su exigencia castigan la falta en la estructura como su fracaso personal.
Sin embargo, la obra no es una pesadilla, ya que trascurre en el sueño surrealista de una realización del deseo, sostenido por la memoria que nos constituye, “la materia es memoria” y sostenida también por el amor, nuestra materia prima, los cuerpos compuestos unidos por los abrazos.
Cuanto trabajo bien hecho y tan habilmente articulado para dar cuenta de lo insoportable, humanizado, elevado a la categoría del arte y de la dignidad.
“Anda delante mío y sé integro”, le dice Dios en el Génesis. Le llama íntegro, pero le pide una parte. Se podría pensar que para alcanzar cierta integridad, uno debería recordar siempre que le falta algo. Esta es la cuestión y la premisa ética.

¡Gracias a todos!

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Acerca del posthumanismo.

INTRODUCCIÓN.
Anorexia y bulimia constituyen dos paradigmas fundamentales de nuestra modernidad. Por un lado dan cuenta de un acoso y una incitación al consumo y a la bulimización generalizada y por otro, tenemos el intento anoréxico de adelgazar esta aspiración totalitaria denunciando su insuficiencia para la vida del sujeto. Una lucha a muerte contra lo que es vivenciado como una tiranía, de la cual el sujeto necesita salir para asegurar su vida subjetiva.
Las patologías clásicas crecían y se desarrollaban de puertas para adentro, eran dramas íntimos, subjetivos y familiares. La anorexia, como síntoma, tiene un ¿Cómo revulsivo especial: SALTA A LA VISTA, captura la mirada y como en el prefacio del Perro Andalus corta nuestro ojo. Produce por ende una imagen especial y hace un síntoma en lo social.
El síntoma privado se convierte en un fenómeno social y un daño público, en este recorrido el sujeto queda a veces en suspenso.
Antes de entrar de lleno en el tema enunciado, necesito situar algunas premisas teóricas que fundamentan la relación entre cuerpo e ideales, para luego poder localizar el cuerpo en su tiempo.
Desde el mito de Narciso sabemos que no hay cuerpo sin imagen. Conocemos asimismo la captura del cuerpo en su reflejo y relacionamos necesariamente cuerpo e imagen. La pasión narcisista da cuenta de una investidura y una idealización especial, que para Lacan tiene efectos estructurantes, véase el estadio del espejo y la función constituyente de la imagen. El jubilo del bebé indica la aparición del yo ideal i(a), que aunque sea identidad ilusoria del yo, unifica los fragmentos en una imagen. Así se instala el apresamiento de la imagen sobre el cuerpo. Esta operación no sólo es real e imaginaria. Lacan ha insistido diciendo que el cuerpo está en relación directa con el Otro, que es el “lugar del Otro”. Eso significa que no podemos hablar de un “cuerpo propio”. Cuando la anorexica ayuna, adelgaza el cuerpo materno. El cuerpo llamado propio es ajeno y está alienado siempre al Otro, al significante, y al registro simbólico que le da cuerpo. La naturaleza esta supeditada a la cultura, por ende no hay para nosotros un cuerpo biologico o natural. Véase Pigmalion, que convierte a la mujer en su obra. El cuerpo funciona sobre la batuta del ideal. Y este ideal no es propio, siempre es ajeno, le viene al sujeto de fuera, del exterior. El cuerpo como lugar del Otro es pulsional y erótico, trasciende al organismo. Este cuerpo no es carne ni se alimenta de pan, lo natural se pierde y eso está connotado por la barra del registro simbólico sobre el sujeto.
La cuestión esencial para mi desarrollo hoy, trata de situar de qué Otro se trata en cada momento de la Historia.
Hay dos tipos de ideales según el psicoanálisis que intervienen en la constitución del sujeto. El yo ideal, del cuerpo perfecto que se forja en la relación primigenia con la madre, en el estadio del espejo. Y el Ideal del Yo que es posterior y vendría a ser una identificación a la instancia paterna que arranca al hijo del amor arcaico, o dual y lo introduce en el futuro lazo social. Los grandes ideales de liberación, y de solidaridad social pertenecen a este segundo capítulo, que es el Ideal del yo.
Es sobre este último que pesa la caída actual, lo que llamamos hoy la “época de la desidealización”. Podríamos decir que triunfa una suerte de regresión a un pasado de objeto a la merced de unos mandatos tiránicos, la Ley materna. Este repliegue sobre el yo ideal se aprecia por una exacerbación de la pulsión de muerte, que comprobamos en la patología actual. Ante la caida de los ideales llamados “progresivos” regresan las demandas mas arcaicas. El nuevo héroe de nuestras películas es un ser primitivo en su violencia, dominan las masacres, las drogas, la paidofilia y un largo etcetera.
SANTAS ANOREXICAS.
Ayunar, no comer, rechazar el alimento para llegar al cielo… este fue el “leit motiv” de muchas mujeres. Este terco empeño empleado por las religiosas aspirantes a santas asustó a sus mismísimos confesores, como ocurrió con Catalina de Siena y muchas otras. Con justicia se podría llamar a la época en que vivió la Santa de Siena como la “era de las santas anoréxicas”. Rudolph Bell en su libro La Anorexia santa, ayuno y misticismo desde la Edad Media a nuestros dias (Ediciones PUF) describe la vida de 260 santas y beatas de la Iglesia Católica que tomaron el ayuno como una muestra del ascetismo y religiosidad de su tiempo. Estas mujeres además de negarse a comer, negaban también su propia naturaleza femenina.
El caso particular de Catalina de Siena (1347 – 1380), hoy Doctora de la Iglesia, ha sido estudiado por los especialistas en trastornos de la alimentación, no solo por haber sido un caso histórico sino también por ser el reto de una realidad cuya continuidad se manifiesta ahora, siete siglos después de su muerte.
Catalina Benincasa nació el 25 de Marzo de 1347, fue una melliza nacida prematuramente en Siena. Su madre tuvo que hacer la elección difícil de alimentar solamente a una de las dos, para que al menos una pudiera vivir. Comienza aquí para Catalina una historia familiar mortífera. Rodeada de muertes se ofrece a Dios como el Otro del amor, se ofrece al goce. Se siente marcada por la culpa de haber ocupado el lugar de otro para sobrevivir, culpa reeditada por la muerte de otras tres hermanas. Es así como Catalina obliga su cuerpo a las penitencias más inhumanas para que Dios pudiese verla, o escucharla. Hasta su muerte ocurrida el 23 de Abril de 1380 sólo comía habitualmente hierbas crudas y algo de pan.
Acceder a la vida de Catalina es encontrarse con un estílo de vivir y transmitir ideas que surgen de su singular experiencia con Dios. El psicoanálisis interpreta esta experiencia mística como una experiencia del goce femenino. En sus escritos publicados como “Diálogo” Catalina escribe: “Tu lengua no será capaz de poder explicar, ni tu oído de percibir, ni tu entendimiento de comprender el gozo del que sigue este camino, ya que, además, gusta y participa en esta vida del bien que le está preparado para la vida eterna”.
Catalina, asimila su encuentro con Dios a la experiencia de satisfacción de un niño mamando. En sus escritos transmite la dulzura del amor que llena su boca, que la deja sin palabras, que la satisface plenamente y la hace desaparecer toda en el otro. Escribe: “El alma gusta la leche, como el niño reposando tranquilo en los pechos de la madre, y teniendo en su boca la teta, extrae la leche a través de la carne. Así el alma. Descansa en los pechos de mi divina caridad”. Que manera tan precisa de decir la satisfacción primaria, la fusion con el pecho y con la divinidad.
Lacan llama “mujer” al sujeto que elige su goce con algo que va a la vez y mas allá de la castración y de la función fálica.
Podemos pensar en una inscripción de la experiencia mística que se hará notar por vía de la anorexia, en el cuerpo de Catalina ante la imposibilidad de decir su goce. Su cuerpo se expresará como el testigo de esta relación mística que fusiona amor con goce.
La condición de la experiencia mística impone la confección de un cuerpo distinto al común: “. Entonces, aquel alma, verdaderamente como ebria, parecía fuera de sí y con los sentidos enajenados por la unión realizada con su Creador..” En el lenguaje místico de Santa Catalina el cuerpo tiene una relevancia que no es posible rechazar, a tal punto que en el se desarrolla la escena y es el lenguaje de la misma relación mística.
Gabriela Maria Di Renzo (Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario. Universidad Católica Argentina) que ha estudiado el tema, recalca que a pesar de la imposibilidad y la dificultad de nominar la experiencia, Catalina hará una práctica y no dejará de expresar los acontecimientos por los que transitaba. No abandonará el intento de hacer de lo indecible una enseñanza y un legado a la cultura. “Haré como un balbuciente –escribe- diré: «A, a,a», porque no sé qué otra cosa decir, pues la lengua finita no puede expresar el afecto del alma que infinitamente te desea. «Ni lengua puede expresar, ni oído escuchar, ni ojo comprender, ni corazón imaginar» aquello que vi. ¿Qué viste? «Vi los secretos de Dios»”. (Dialogo). Así, da cuenta, mejor que nadie de la insuficiencia del lenguaje para transmitir una experiencia que lo trasciende.
Cada época da cuenta de sus síntomas en función de sus ideales y ficciones. No es lo mismo escuchar el relato de los estragos que se inflinge Catalina, ascesis y restricción absoluta del alimento con flagelaciones del cuerpo, todo ello dedicado a un Ideal divino y en nombre de Dios. Su cuerpo estaba atravesado por el Ideal, creencia que corespondia a su tiempo. Hoy, un psiquiatra le pondría el rotulo diagnóstico de melancolía delirante, con indicación de ingreso y con camisa de fuerza química. Es probable que Catalina de Siena fuera reducida hoy a una enferma mental, por el discurso médico. Acaso eso no nos refleja con una claridad diáfana una sociedad que funciona sobre el ideal- la medieval – y otra que esta privada del mismo, o que lo sustituye por el ideal de la ciencia.
Dios ha muerto y las anoréxicas actuales no saben muy bien a qué santo encomendarse. El cuerpo hoy se ajusta y se normativiza ¿Cómo los discursos que predominan en lo social.
¿QUÉ PASA HOY?
Para la mujer actual, todo apunta a un relevo de la religión por la ciencia y por un materialismo exacerbado. La espiritualidad del Corte Inglés, podríamos decir.
Los excesos del consumo sobre el cuerpo, o sea los michelines, el sobrepeso, los estragos de la edad encuentran su solución en la ciencia y en la cirugía estética, en los gimnasios, en el fitness. “Fitness” es el nombre de un discurso que encaja el cuerpo en el corsé de la imagen uniformada, matriz del ideal actual. Quiere decir literalmente “adecuación”. Basta mirar los ejércitos de mujeres en los gimnasios para entender lo que dice Foucault de los “cuerpos dóciles” que se adaptan a la norma imperante y se normalizan según la misma.
Los ideales del discurso capitalista, si es que podemos seguir llamándoles asi, son utilitaristas: nada se pierde y todo se recupera el sujeto del capital trabaja y luego el mismo compra los mismos objetos que ha producido con su trabajo, la plusvalía está siempre al servicio de la empresa. Este discurso ha sido globalizado y sabemos lo que significa. Podemos pensar que el sujeto, a su vez, ha sido reducido a un objeto de consumo, consumidor-consumido.
El discurso de la ciencia esta muy cerca de este empeño objetalizador. No hay objeto que no pueda inventarse, no hay nada imposible, desde los gadgets de turno hasta los esclavos robóticos. Ahora se fabrican también auténticos seres vivientes, la clonación está a la orden del día. No en vano muchos hablan de religión al referirse a la ciencia. El discurso de la ciencia y la tecnología incrustan un Ideal superyoico de omnipotencia desmesurado en nuestro ideario escaso: TODO ES POSIBLE.
La ciencia capaz de objetivarlo todo opera tambien sobre la subjetividad, sobre el sujeto redcuciendolo como tal. Su futuro ya no le pertenece, lo dicta la genética. La genética tiene las riendas de nuestro destino y carga con el peso de nuestra sexualidad y con nuestras culpas también. El sujeto es inocente o irresponsable, es objeto de estudios. Se gastan fortunas –hay que saberlo- para encontrar el gen de la anorexia-bulimia y asi desentenderse de todo. En plena guerra feroz de la ex-Yougoslavia se gastaban sumas inmensas en la investigación de las reacciones traumaticas… en los monos y las ratas. Curioso verdad! A la vez, leemos en la prensa que se retiran del mercado 125 farmacos anorexígenos, no se preocupen quedan muchos mas en circulación. Los efectos de todo ello los observamos en la clínica donde el síntoma está cada vez mas desubjetivado, no le pertenece a quién lo padece. El fármaco también representa esta función: desligar al sujeto de la experiencia subjetiva.
Acaso no podemos decir hoy que muchos entregan su cuerpo a la medicina y eso ocurre mucho antes de la hora de su muerte. El discurso de la ciencia se convierte en la referencia única del saber que universaliza y despoja al sujeto de su experiencia más intima. Sin palabras el cuerpo real crece desmesuradamente y se cadaveriza. Nada que ver con el goce femenino que estudiamos en Santa Catalina. Hoy, la pulsión acéfala busca su atracón y lo encuentra en las mil adicciones posibles, en las compras, drogas, alimentos, etc. Uno de los efectos del discurso de la ciencia ha sido vaciar nuestro horizonte de ideales para realizarlos en tierra. Y nosotros somos los productos secularizados de esta ¿Cómo. Insisto en eso, ya que entiendo que esos discuros son actualmente los modelos ideales que confluyen en la construcción del cuerpo femenino. El cuerpo esta esculpido por el ideal, o da cuenta de su ausencia. Es lo que podemos observar en los testimonios de las adolescentes anorécticas.
TESTIMONIOS (fragmentos de entrevistas)
Qué nos refleja la clinica de las jóvenes anorécticas de nuestro propio mundo y de la transformación de sus vínculos. En mi investigación he ido a escuchar lo que dicen ellas de su cuerpo y de su malestar, en su lugar de ingreso.
ANA me dice: la anorexia es la única cosa de mi que puedo controlar. De barrio muy pobre no le gusta nada de su familia ni de su entorno, y eso ya desde muy pequeña. Añade, “lo que no puedo hacer con mi vida lo hago con mi cuerpo”. Ella utiliza su cuerpo como plataforma contra la familia o contra el mundo. “Es lo único que me hace sentir que soy algo. Es mi fuerza de voluntad, si engordo la pierdo”.
LIDIA. A los 12 años se desespera y comienza todo “se ve gorda” y reduce cada vez mas la ingesta hasta acabar con una manzana y todo el día ejercicio imparable. “No me gusta mi cuerpo, lo odio”, dice. En el Hospital se levanta de noche para hacer ejercicio y eliminar lo que le habían obligado ingerir.
Su estílo se llama “siniestro”. Se pinta labios y ojeras de negro, uñas tambien, botas militares, pantalones y atuendo especial.
Si pudiera me haría agujeros de arriba abajo, dice. Sólo piensa en los piercings, tiene ya 5. No comer es hacer otro agujero, que no funciona para relanzar su deseo. Le dice a su madre que si no le deja hacerse mas piercings, se suicida. Y esta me comenta que para todo esgrime el suicidio. Se juega la vida en ello. Agujeros en el labio, ceja, nariz, lengua (la lengua ahora sirve para eso). Necesita diferenciarse de los demas. Y a la vez, habla de la segregación: hay que echar a todos los emigrantes, a los moros y a los gitanos, partirles la cara. Extranjeros fuera.
Se dedica tambien a rajarse los brazos de arriba abajo, es el equivalente a tres dias sin comer. Hacerse cortes en los brazos la alivia mucho, alivia su angustia. Es otra manera de controlar. Rajarse los brazos es una conducta bastante frecuente, una manera de castigar al cuerpo debil, sin referente al sufrimiento mistico, pura pulsion de muerte que reproduce una y otra vez su apetito de muerte, este sustituye el amor a Dios.
Ademas, en primer plano esta la prevalencia de la imagen. Una imagen sectaria y desmesurada que representa el sujeto, en Santa Catalina no hay mención de ello.
NURIA demacrada entra en escena como Cristo arrastrando su cruz, un cuerpo diminuto (13 años 35 kg) amarrado a la máquina de transfusión. Criatura indefensa, se sienta en la punta de la silla, desafiando milagrosamente la ley de gravedad. Cuando habla su voz es apenas audible: dice, “todos me quieren engordar, nadie me quiere, yo me quiero morir”. “Como no soy perfecta prefiero desaparecer”. Todo es una pesadilla dice que no puede acabar bien., porque ella solo tiene “ganas de nada”. Este significante “nada” esta muy presente en su discurso y dice mucho de su nadificacion progresiva, una especie de “suicidio lento”. La diferencia entre santidad y patologia se confirma cada vez mejor.
LINA: “ Me meti en la cabeza pesar 20 kilos y lo voy a lograr. Vi en la Tele –otra vez la imagen- una niña muy, muy delgada moribunda, en Bellvitge, ella no tenía más remedio y se iba a morrir. Me ha quedado su imagen en la cabeza. Tambien he pensado varias veces en cortarme las venas con unas tijeras. Lo más importante para mi es estar delgada, aunque me juegue la vida. Tambien recuerda una niña que se mato tirandose por un acantilado. Me dan mucha envidia estas mujeres, por su fuerza de voluntad”, me dirá.
JULIA Ella piensa que si come y vomita es como si no hubiese comido nada. Asi empiezan los atracones que acaban siempre en vómito. Llegaba a vomitar 8 veces al día y robar comida en los “Super”cuando no tenía dinero. Un día llega a gastarse 100 euros en comida, se la lleva a un descampado y luego vomita todo. “Mientras fuera comer y vomitar me daba igual, necesitaba hacerlo como un vicio, una droga.” Hay muy poca reflexión, o asociación subjetiva que acompañe la mayoría de esos relatos. Cuentan actos, hazañas épicas y poca cosa más.
Algunas consecuencias de esta casuística: en primer lugar, vemos la relevancia de la imagen, espejo del ser actual. Para ser querida hay que tener una imagen delgada. “Si eres delgada lo consigues todo”, esta es la condición y requisito. La imagen de delgadez como bien supremo toma una consistencia casi delirante. La imagen “retrato robot” ocupa el lugar de Dios.
No voy a entrar en cuestiones propiamente clínicas, como dije en un principio. Sólo en síntesis, podemos decir que SI hay patología y muy grave, se observan a menudo rasgos melancólicos llamativos, con un sentimiento de indignidad y un odio feroz a si mismas y el consecuente negativismo en su empeño de mortificación sistemática. Cualquier parecido con nuestra santa Catalina del amor es pura ficción, en este reino del desamor.
Más de una dice que ella es el negativo de su propio ideal, por ello se castiga. Se observan muchos cuerpos de niñas que se ofrecen a diferentes modalidades de estrago, que los buscan o que se los inflingen. El pensamiento patina sobre el cuerpo, sin tomar cuerpo. La imagen ideal y homologada, congelada, gana la partida y domina dictando las conductas.
Hay que adelgazar hasta encajar en la talla. Este es el lecho de Procusto: recortar el cuerpo para que encaje en el uniforme Ideal de este nuevo ejercito. Con el sentimiento presente de no dar la talla nunca, o incluso de morir en el intento. El cuerpo se convierte en un escenario de lucha para un sujeto que ha perdido las riendas de su destino y siente que su cuerpo es lo unico que todavía puede manipular. Nuestra Santa Catalina en su Diálogo nos deja otro legado.
QUÉ ECOS ENCONTRAMOS DE TODO ELLO EN LAS NUEVAS EXPRESIONES DEL BODY Y CARNAL ART.
El arte siempre se anticipa para enunciar las verdades de su tiempo. La mano de Charlie Chaplin en Tiempos Modernos que despues de salir del infierno de la fábrica sigue con el automatismo de dar vueltas a los tornillos ¿Se puede considerar todavía una mano humana? El hombre se convierte en un instrumento al servicio de la máquina, se identifica a la misma. Esta es otra manera de decir la alienación del cuerpo a los discursos vigentes.
La superficie corporal se transforma en una nueva identidad, o intenta hacerle suplencia. En el Body Art se materializa una obsesión del arte por el cuerpo. La superficie corporal se transforma en un objeto manipulado y maltratado de mil maneras, sobre el mismo se inscriben diferentes mensajes, injertos simbólicos. Fundamentalmente tenemos la apología del anticuerpo y el desprecio del cuerpo por su caducidad.
Según Chantal Jaquet “Le corps” (PUF 2001) “gran parte de las “performances” tienen como meta la adquisición de un dominio sobre si mismo y la eliminación del miedo, del sufrimiento y de la muerte. En la encrucijada del arte y de la técnica, el Body Art intenta desarrollar la omnipotencia humana haciendo retroceder sus limites fisicos y mentales”. Ejemplo, Marina Abramovici en los videos que filman sus actuaciones intenta vencer las leyes del cansancio sentada siete horas, o más, sin moverse. Nuestro cuerpo caduco y mortal, a veces sufriente, se convierte en un monumento casi contra-natura, que domina sus debilidades, o las desconoce. Tentativa que pugna para mostrar la potencia de un cuerpo que puede vencerlo todo. Un modo bastante psicótico de tratar el cuerpo como un organismo, como si no tuviera ninguna relación con el sujeto, no con el nuestro.
El cuerpo real de la mujer se convierte para el arte en un objeto para la investigación científica.
Claudia Giannetti en su artículo titulado “Del cuerpo mecánico al cuerpo virtual” hablando de Sterlac y Antúnez dice que “son ejemplos de artistas que están investigando en la misma dirección que las teorías planteadas desde la ciencia, la filosofía, la sociología, la psicología, etc., sobre la instauración del posthumanismo , que conduce irremediablemente a una transformación drástica del propio concepto de cuerpo y de sujeto y por consiguiente, a la transformación o crisis de los conceptos de realidad y verdad.” En lo referente a Sterlac, cuyas performances son situadas en el ciberpunk, hay que tener en cuenta que tras sus puestas en escena, las cicatrices que restan en su cuerpo, tardan semanas en cicatrizar. Según él, el cuerpo está obsoleto: “el cuerpo debe ser vaciado, endurecido y deshidratado, eliminada toda víscera inútil, para convertirse en un receptáculo mejor para la tecnología”.
Orlan, una de las pioneras del Body Art, comienza sus performances en 1990. En sus transformaciones quirúgicas demuestra tambien que el cuerpo es obsoleto. Ella rompe con los canones de la estética establecida y con los estereotipos que se imponen a las mujeres. ¿En qué consiste su collage quirúrgico? En sus cinco primeras operaciones adquirió la barbilla de la Venus de Botticelli, los labios de Europa de Boucher, la frente de la Mona Lisa de Leonardo, los ojos de Psique de acral. En lugar de los implantes de pómulos ella se implanta dos jorobas, o salientes en forma de cuerno en cada lado de su frente. Ahora podemos decir que esos intentos de injertar lo simbólico sobre lo real dan un resultado siniestro, o monstruoso. El bisturí no es la mejor via para operar con lo simbolico. “Pararé mi obra cuando sea lo más parecida posible al retrato robot electrónico” dice y escribe. Su cuerpo se ha convertido en un prefabricado modificable, digno si del “posthumanismo”, que descompone las obras mas prestigiadas de nuestra cultura.
El vaciamiento que conocemos todos a nivel de los ideales pone el cuerpo en primer termino y lo convierte a su vez en un Ideal neuronal, o genético. Se trata esta vez del cuerpo descarnado real, no del cuerpo hablado simbólico, ni del cuerpo imaginario. Y cuerpo real quiere decir lo imposible, pura materialidad manipulada por la ciencia. Eso es fundamentalmente lo que observamos en el arte, o en algunos de los nuevos fenómenos de la clínica. Ya no es el cuerpo del enigma, de los fantasmas o de los mitos, de la anatomía imaginaria de la histeria, ni el cuerpo de la mística.
Hoy, las ¿Cómo ideales se multiplican como en un espejo roto para intentar suplir los agujeros simbólicos. Son ¿Cómo que se confunden con unas prótesis de identidad y fracasan en su intento, ya que no pueden sostener la estructura. La última intención de estas ¿Cómo ideales tanto en la anorexia como en Body Art es la de afirmar su empeño feroz de omnipotencia, el poder con todo sin contar con los limites, lo que llamamos la castración, la muerte, o las faltas del viviente. Mas que nunca, y este si creo que es un rasgo relevante de nuestra modernidad, el Ideal actual y su exigencia castigan la falta en la estructura como su fracaso personal. El sujeto en falta es castigado o sacrificado y eso significa nuevos modos de goce o de sufrimiento, la ciencia como nueva religión ofrece el cuerpo en sacrificio a los dioses oscuros.
He visto padres que les pagan a sus hijas una reducción, o un aumento mamario, regalo de Navidad, o de Reyes. Narices, pechos, labios, y otros se cambian a gogo. Todo parece posible, para comulgar con la Imagen Ideal, mandato de lo que hay que ser.
Observamos esta fijación a la Imagen. Cada uno supuestamente puede tener el cuerpo que quiera, pero la paradoja resultante finalmente es el ejercito de clonados, cortados sobre el mismo patrón, el individuo o el sujeto se disuelve en la masa.
El cuerpo, su imagen se convierten en el resto de la subjetividad. Lo que el individuo intenta esgrimir para diferenciarse cae a menudo y se pierde ante la presión externa unificadora. Esos modelos ideales giran en torno al cuerpo y se rigen por la delgadez, la hiperactividad y la inmortalidad, o sea la omnipotencia. Estas referencias que predominan en lo social producen contagio en la masa, pero no sostienen la subjetividad, por denegar la castración.
EN EL CAMPO DE LA MUJER. El mero hecho de ser mujer ya constituye un factor de riesgo!
El 90% o más de las afectadas en anorexias y bulimias, lo son. La mujer durante varios siglos hasta nuestros días, ha utilizado la manipulación de su cuerpo como forma de protesta y rebeldía, como búsqueda de una autonomía en su ser que de ninguna otra forma podría alcanzar, eso sigue vigente.
La anorexia es una cuestión femenina, la estadística confirma la estructura. Tiene que ver con la sexuación femenina, con el goce de la mujer, con un más allá de la lógica fálica. En este sentido, se nos plantea también una hipótesis intemporal: algunos estudiosos lo llaman “un modo de ser anoréctico femenino en el mundo” (Jacques Maitre).
Eso se concreta en el cuerpo, en las vivencias de éxtasis y sufrimiento, de goce: los síntomas corporales carecen de importancia, son negados. No hay un saber biológico que pueda explicar este fenómeno, tampoco hay palabras para expresarlo. Lo esencial está en otra parte. Podemos entender este no-todo como un destino de la pulsion femenina con repercusion social: santas, brujas, ayunadoras, anorexicas… una serie que marca la falta en el Otro, intenta cavar un agujero en su omnipotencia. En este sentido se inscribe tambien la pugna entre la Histeria y el saber medico, la pugna con el Amo. La anorexica, santa o no, entra en dialectica con el saber de su epoca: adelgazar el establishment religioso ayer, o el poderío medico-científico de hoy.
El cuerpo cadavérico abre una brecha en el Otro, cuanto mas se consume más consistencia tiene para el Otro, de cuya alienación se quiere liberar. La separación salvaje la protege de la alienación y defiende su deseo para que no sea aplastado por la demanda.
Sabemos que hay dos anorexias, esta última de la cual hablamos, que esgrime la nada para sostener su deseo ante la demanda asfixiante del Otro. Esta es la función de la nada como objeto separador del otro materno o cultural, que determina la diferencia estructural entre deseo, necesidad y demanda. En última instancia todos sus estragos y su culto a la nada, son padecidos para hacer surgir un signo de amor en el Otro.
La segunda anorexia, está en relación al goce del Otro y no a su deseo. El rechazo en este caso no potencia el deseo sino que lo nadifica. Allí aparece lo que Lacan llamaba el “apetito de muerte” y el “suicidio lento”, el cuerpo en este caso se consume hasta su propia destrucción, estamos en la psicosis.
¿Cómo definimos la mística? Michel de Certeau, un contemporáneo, dice: “lo que se aparta de las vias normales u ordinarias; lo que ya no se inscribe en la unidad social de una fé o de referencias religiosas, sino al margen de una sociedad que se laiciza y de un saber constituido por objetos cientificos”.
Lacan en el Seminario Aun nos recomienda leer a los místicos “Estas jaculaciones místicas no son ni palabrería ni verborrea; SON AL FIN DE CUENTAS LO MEJOR QUE HAY PARA LEER y en nota a pie de página dice: “añadir a los Escritos de J. Lacan porque son del mismo registro. Y más adelante.. añade: “Y por qué no interpretar una faz del Otro, la faz de Dios como lo que sirve de soporte al goce femenino”. Más allá del falo, en el goce Otro encontramos –para la mujer- un soporte de la existencia de Dios. Podríamos pensar que este lugar está a la merced de los mandatos de cada época. La anorexia como resistencia a la secularización de lo sacro, apunta a veces a la sacralización de lo profano. Podría ser la búsqueda de nuevas vias para la expresión espiritual, en una época que ensalsa el consumo irreflexivo.
En nuestra época el objeto NADA deviene un objeto fundamental, sin el cual la vida no tendría sentido.
Revista de Psicoanálisis, Vel 10.

 

 

 

Director: Paolo Sorrentino

Reparto: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, Isabella Ferrari, Giulia Di Quilio, Luca Marinelli, Giorgio Pasotti, Massimo Popolizio.

La gran belleza, RIP.

No podemos olvidar que en el guión de La Dolce Vita (estreno 1960)  participa Pasolini, su huella está presente aunque no salga en los créditos. Han pasado más de 50 años entre las dos películas y podemos constatar lo que se anunciaba: Roma ya es otra ciudad, arrasada por una apisonadora que eclipsa lo humano y lo bello, que deviene una “Comedia de la nada”, reina la avidez,  la cretinez,  y una extraña y pesada  pesadumbre. El que diga que Roma es eterna sueña con sus propios fantasmas, será este  nuestro modo común de defendernos de la realidad.

 Roma,  y nosotros con ella, hemos sufrido las mutaciones anunciadas por Pasolini en sus escritos.  Queda una caricatura, una vitalidad sincopada de cadáveres exquisitos, cadáveres al fin, los que han perdido su anclaje con la vida y su lazo con lo sagrado.

Excelente película para melancólicos, o poetas.

 

JORNADA FORUM PSICOANALITIC BARCELONA: Respostes des de la ciutadania i la psicoanálisis davant el desmantellament de l’estat del benestar.

CaixaForum Barcelona. 21 de setembre de 2013

sinopsis:

Efectos de los estragos actuales sobre un grupo concreto de personas: las que han perdido su trabajo y están en el paro con síntomas de maltrato, depresión, ansiedad y riesgo de vida. Este es el relato del recorrido de un Grupo y su trabajo que apunta a una rectificación subjetiva: no son objetos, sino sujetos. La dignidad de una persona no depende de sus ingresos o puesto de trabajo, es un derecho propio.

Introducción

Asistimos al derrumbamiento, mutación, o cambio de nuestro Sistema y eso no puede ser ajeno a nuestro quehacer como psicoanalistas y como ciudadanos. Todo el mundo sabe que ésta no es una declaración banal y que hace años que asistimos, sin percatarnos del todo, sin querer saber, lo que ahora ya es incuestionable.

Quería hablarles hoy del efecto de esos cambios sobre un grupo concreto de personas: las que han perdido su trabajo y están en el paro. Hace un tiempo ya que me he comprometido con ello y hace poco que he empezado una experiencia en Grupo con personas en el paro. Deseaba poder transmitirla hoy, dentro de las cuestiones y Malestares que nos ocupan en esta Jornada.

De hecho, les voy a hablar de una pesadilla, la que no permite seguir durmiendo; toca despertar.

Para no entrar en la repetición de lo que se ha dicho ya mejor, y sobradamente, acerca del capitalismo y de la ciencia, sólo quiero subrayar que hay un Malestar profundo que corroe los esquemas establecidos y nos obliga a una reflexión acelerada, muy rápida, para re-situarnos en el tiempo que nos ha tocado vivir.

El sujeto se constituye en el campo del Otro. Los accidentes de este recorrido dan cuenta de eso en la estructura. Campo social.

¿Quién es el Otro hoy y cuáles son sus efectos sobre el sujeto y sobre el lazo social que promueve?

En la clínica, muchos hablan del Otro que no existe, cuya indiferencia constatan cada día. Otros hablan de un deseo de muerte que les llega del Otro, y a veces pasan al acto; el índice de suicidios ha aumentado. En 2011, las estadísticas hablan de un aumento del 12%, aunque sabemos que los que se tiran al tren, o al metro, se llaman “precipitados” y que muchos intentos pasan bajo el rótulo de “contingencias”. El suicidio no existe, la negación reina por doquier.

El discurso social es indisociable de las nuevas posiciones subjetivas y de las nuevas formas del síntoma, o sea, del sufrimiento actual. Es a partir de esta premisa que intento desarrollar mi reflexión, basada en testimonios de la clínica.

Sin embargo, no todo es clínica, y desde el psicoanálisis se hace difícil encontrar otro significante que defina el lugar del analista en su quehacer cuando no dirige una cura. Tal vez este sea un reto nuevo para la identidad del analista.

La experiencia grupal: testimonios.

Hace un año aproximadamente, nos hemos agrupado unos analistas para intentar dar una respuesta al sufrimiento subjetivo que produce el paro, todo el mundo conoce las cifras.

Este estrago de personas en el desamparo —este es el nombre de la enfermedad: DESAMPARO— da cuenta de de las transformaciones del lazo social y de sus fracturas.

Les leo un fragmento de la carta que ofertaba nuestra propuesta de trabajo en Grupo: Proponemos grupos de trabajo con personas en el paro. Para que no olviden que los son, personas, y para que sepan también que no las olvidamos. Para que recuerden que su dignidad no depende de sus ingresos y para que puedan recuperar su lugar en el mundo, que es suyo e inalienable.

Nuestra atención grupal, o individual, se dirige a las personas que padecen su condición de paro laboral con síntomas de maltrato, depresión, ansiedad, o riesgo de vida, para que formulen su demanda y puedan hablar y ser escuchados.

Los Grupos estarán formados por unas 10 personas, aproximadamente y tendrán una duración de dos meses cada uno, con una sesión semanal. Al finalizar este período, estudiaremos cada situación, caso por caso, para analizar y calibrar los efectos de nuestro trabajo. Creemos en la finalidad de nuestro proyecto, cuyo beneficio es, entre otros, ofrecer una ayuda que reduzca el sufrimiento subjetivo y permita a cada persona la construcción de recursos propios para re-situarse mejor en el mundo que le ha tocado vivir.

He tenido que acortar mi trabajo que incluía algunas entrevistas con los integrantes del Grupo. Les doy sólo unas pinceladas mínimas. Además, debo dejar muy claro que nuestra ética profesional nos obliga a respetar la privacidad de cada persona. No hay nada en el texto que pueda delatar a nadie.

A., 37 años, profesora: “cortan la plantilla y me cortan a mi”. Más de dos años en el paro. Hace tiempo que se siente incapaz, lo ha probado todo, “no sirvo, no sirvo” —retorna esta queja.

B., 36 años, ha estudiado Psicología y trabajado en el campo social. Está muy desorientada. Se deshacen de ella aprovechando su baja. La despiden sin darle explicaciones. La deshumanización del trato tiene como efecto el empuje al objeto. No sabe por dónde tirar.

C., 50 años, más de dos años en el paro, es administrativa. Estuvo, antes del despido, ocho meses de baja por depresión. No quiere la invalidez, desea trabajar, insiste mucho en eso, necesita trabajar.

“Me falta voluntad, estoy en un círculo vicioso y no me contento con nada”, dice. La culpa en esos casos es un efecto del Superyó, pero también subjetiviza. Ella se hace responsable de su malestar.

D., 38 años, psicóloga, trabaja en recursos humanos haciendo suplencias, pero siempre son trabajos precarios. “Toda mi vida en crisis, no tengo ningún apoyo, ni social, ni económico, ni afectivo”. En dos semanas se le termina el paro y está muy ansiosa. “Sin salida”, repite eso. No puede consigo misma, se siente agotada, con el sentimiento de que haga lo que haga, no hay salida, no hay futuro.

E., 50 años, dos años en el paro. “No me llama nadie”, cree que no existe para los demás.

F., 55 años, más de dos años en el paro. Tenía una buena posición y lo ha perdido todo. Todo son pérdidas. No cree que eso –el Grupo- le pueda ayudar, desconfía de todo.

G., 58 años. Más de dos años en el paro, se siente “un inútil integral”… pero no se puede quejar.

Voy a contarles, muy brevemente, las dos primeras sesiones del Grupo.

Primera sesión

(Apunto sólo lo que considero más relevante.)

“No me fío de nadie”, dice E. Se dirige a mí y a las colaboradoras (psicoanalistas) preguntando quiénes somos y qué queremos, qué vamos a hacer con los datos que recogemos. La desconfianza despunta como el primer momento de la transferencia. Temen ser utilizados nuevamente, así se sienten. Intervengo para afirmar que el objetivo primordial de este Grupo es ayudarles a ellos.

Luego, se van desplegando los relatos personales centrados en la condición o identidad de “parados”, para explicarlo cada uno a su manera, explicar su historia particular. De entrada, se marcan las diferencias, no hay identidad monolítica. Se sienten perdidos y desorientados, no existen para el Otro político que las maltrata. Se topan con esta pared una y otra vez, y sólo logran constatar su inexistencia y encajar los golpes. “Nadie te quiere”. Están “fuera”, son “extranjeras en su propio país”.

Se sienten presionados para encajar en una identidad de trabajador que el mundo les niega. Aparecen los clichés de lo que hay que ser o hacer, tener pareja, tener hijos, tener trabajo… o no tener nada.

Poder ser, éste sería un objetivo, conservar su dignidad, no identificarse con el desecho del Otro. Son cosas que trabajamos, sin olvidar, que para ser hay que tener unos ingresos mínimos, también.

Y a la vez que se esbozan los rasgos personales, aparece la realidad de una sociedad en vías de mutación radical; nada es lo que era. Hablan de los chinos y otros que invaden el mercado de trabajo, de las empresas que se vienen abajo, de un maltrato que aumenta. Sus estudios —varias licenciaturas, Másters— no sirven para nada: “ni para vender bragas”. La formación y la compulsión para formarse, de la cual participan con esperanza, es una estafa, las engañan con una formación -cursos y cursillos- que nunca da la talla; siempre falta algo. Ellos están en falta.

C. expresa su profundo desamparo y necesidad de ayuda, tendrá que pedir ayuda (comida) a Cáritas. Tiene una ayuda -de invalidez, invalidante- que no le alcanza para vivir. En suma, se sienten un desecho del Otro indiferente, para el cual no existen y cuyo deseo de muerte se hace notar —ellos molestan—.

Desde las altas esferas políticas no hay una palabra orientadora o esperanzadora que apunte a un límite para el sufrimiento, una fecha, un año, para seguir aguantando. No hay proyecto.

Y sin embargo, son personas creativas, activas, nada pasivas en su lucha y búsqueda. Algunas son capaces de buscarse la vida a diario, encontrar recursos varios, conocer todo lo que se mueve todavía en un mercado agónico y compartirlo entre ellos, en el Grupo. Se pone de manifiesto una generosidad solidaria. Este es uno de los efectos del Grupo y quizás el único beneficio que nos puede deparar la crisis: reconstruir nuestros vínculos. Ante la egolatría y la indiferencia dominante re-hacer el lazo social.

En la primera sesión deciden “hacer Xarxa” —hacer Red—, compartir sus e-mails.

Segunda sesión

La comunicación es fluida y espontánea, a pesar del ingreso de tres personas nuevas. D. dice: “me han jubilado después de 24 años diciendo que mi rendimiento no era el adecuado”. Había días que trabajaba 12 horas, con mucha entrega. Expresa un sentimiento de inutilidad, a veces de culpabilidad. Cómo cargar, o subjetivar lo que no es del sujeto, cómo subjetivar el maltrato del Otro. Esta es una cuestión importante de nuestra Historia, desde el Holocausto en adelante.

G., comenta que se siente “un inútil integral”. No se reconoce, su imagen también ha cambiado, la dejadez se instala a veces lentamente. “Me han expulsado de este mundo”, dice A. B. cuenta que fue a una manifestación de la enseñanza y no se sentía digna ni para manifestarse, no sabía si tenía permiso para ponerse la camiseta amarilla de profesora. Aparece la palabra DIGNIDAD, el contrapunto de la indignidad que padecen.

Las intervenciones giran en torno a la caída de las identidades y de las pérdidas y si éstas se pueden asumir. G. pregunta “Y ahora ¿quién soy?”

Si la identidad “trabajador” cae, queda la persona, trabajamos en este sentido. Aparece la posibilidad de otras identidades, la de “persona valiosa”, cada cual con su estilo, aunque no tenga trabajo fijo.

Aparecen rasgos de humor, a veces cínico, respuestas a demandas de trabajo, el humor, aunque sea negro, a menudo cunde.

H., dice que ha trabajado media vida en la moda, ahora ya no la quieren, su experiencia es muy valiosa. En la moda, ahora, quieren a niñas de 19 años, o menos, con 1,90 m, delgadas y que hablen ruso… y chino. Este es retrato robot y el mandato del Otro.

“Nos han eliminado en la Reforma Laboral”. “Nos han ELIMINADO”, eso resuena fuerte. ¿Será este un exterminio actual? Se instala una verdad y un duelo: nunca más vamos a tener un trabajo. C. con 50 años, dice: “me quedan diecisiete para la jubilación, ¿qué voy a hacer?”.

D., habla de sentimientos de cabreo y rabia radical, está muy enfadada con lo que ocurre. ¿Cómo, si no? Está luchando y buscándose la vida. Se queda con la frase de una amiga: “es mejor el cabreo que el desespero”.

E. dice que ella ha sido una “tonta”, siempre fiel y leal, pagando sus impuestos religiosamente, se siente estafada.

La ética ha cambiado, hoy impera la del corrupto, ladrón, o perverso. ¿Será esa nuestra nueva ética?

Hay una “pataleta” general contra un Sistema que se ha burlado de ellos, los ha exprimido y luego eliminado. Por momentos, asoma el fantasma del “superviviente”, o de la muerte.

El Amo se burla de sus esclavos —aquellos que han edificado su Imperio— y ahora los elimina como inútiles. Intervengo para insistir en lo mismo: tú no eres el objeto desechado del Otro, tú eres un sujeto digno, con derecho a la dignidad, y capaz de re-situarse en el mundo.

Aparecen las posibilidades de luchar con valor, relatos de allegados que se recuperan con nuevas iniciativas. Algunos se salen con la suya y lo llaman SUPERACION. Se suma otra palabra a nuestro decálogo. Asoma la posibilidad de abrir otro camino, abrir nuevas vías para un mundo más solidario, un mundo en transformación.

Se habla también de una Revolución social, un cambio radical que pueda detener el malestar de los ciudadanos. Se constata el ocaso del Bienestar Social.

Asoman algunas empresas y personas solidarias que trabajan para el BIEN COMÚN —otro giro hacia un vínculo nuevo.

L., comenta: “ahora me siento más persona”. Damos por terminada la sesión.

Alguna conclusión de un recorrido.

El paro no es un síntoma, es un lastre social, el sujeto lo padece, como el maltrato, como un trauma, cada uno a su manera.

Para nosotros, ofrecer alguna respuesta a esta plaga es un gran reto, ya que no se trata de una cura tipo.

¿Cómo responder a una demanda legítima sin satisfacerla? El mandato del capitalismo, de nuestro sistema, es el de TRABAJA Y CONSUME. ¿Qué puede sostener ahora un sujeto cuya identidad social se ha venido abajo? ¿Cómo renovar los vínculos con el Otro social y cambiar los valores en juego? Eso, sin duda, es un reto.

Me encuentro, como han podido escuchar, con personas abrumadas por una inseguridad radical, con sentimientos de desamparo, soledad, exclusión, indignidad, vergüenza, depresión, duelo, o melancolía, y un largo etcétera. Es curioso, pero las palabras no pueden transmitir todo lo real del sufrimiento.

Es por ello que, desde un principio, las expectativas eran interrogantes.

Nos habíamos marcado unos objetivos generales que podrían resumirse de esta forma:

-Escuchar el sufrimiento subjetivo, digno de respeto, atención y apoyo: hablar de lo que duele y avergüenza reduce sufrimiento y permite salir de un silencio que mortifica y aisla.

-Potenciar los recursos personales de cada uno para “buscarse la vida”, que no solamente consiste en buscarse un trabajo, la vida es mas importante que el trabajo.

-Desmontar las identidades monolíticas del “trabajador-consumidor-consumido” y ayudarles a abrir nuevas dimensiones de su vida que van surgiendo.

-Intentar un cambio de valores que apunta a poner las cosas en su sitio; lo que llamamos una rectificación subjetiva: no son objetos, sino sujetos. La dignidad de una persona no depende de sus ingresos o puesto de trabajo, es un derecho propio. Se trataba de abandonar la identidad de víctima, o de desecho del maltrato ajeno, para ocupar su lugar de sujeto digno en el mundo.

-Y asimismo, en lo posible, recuperar el sentimiento de pertenencia social y los vínculos de confianza y solidaridad con el Otro, que no siempre es cruel o manipulador, ver a la familia, los amigos, acudir a las asociaciones. Rescatar el lazo social.

-Finalmente, sufrir menos, encontrar nuevas vías de vida que puedan restaurar el deseo de cada sujeto y ayudarle a reinstalarse en el mundo, con o sin trabajo. Creo que este es nuestro cometido como analistas.

En suma, podríamos decir que se trata de reinstaurar(reconquistar lo humano) la entidad de un humano en falta. No buscamos el Ideal actual, o el ario, del hombre perfecto e infalible, este ha masacrado al hombre. Por eso sabemos que el abuso de la autoestima es mortífero, ya que sostiene un ideal imposible. Admitir la impotencia y cierto caos natural del humano, sería un modo de reducir el Ideal de prepotencia que ha esclavizado y masacrado generaciones, para convertirlas en la masa homogénea del Capitalismo.

Mientras estaba pensando en este encuentro, me acorde de un sueño que en su día me había impactado enormemente. El soñador es Primo Levi y es un sueño del Lager, del Campo de Concentración, donde, como todos sabéis, el principal objetivo del nazismo era el de aniquilar al hombre, degradarlo sistemáticamente. Lo encontramos en Si esto es un hombre, un testimonio ético de la experiencia. El sueño de Levi trata de la imposibilidad de hacerse oír, de gritar en el desierto porque el otro no escucha. Levi sueña que ha vuelto a su casa y habla rodeado de sus personas queridas. De repente se percata que nadie le hace caso. Para Levi, el horror no es el mismo Campo, sino el horror de no ser escuchado; su inexistencia para el Otro. El Otro interlocutor es sordo o no quiere saber nada.

Este sentimiento, que refleja este sueño paradigmático, estaba muy presente en el comienzo del Grupo. Ahora ellos saben que son escuchados y también se escuchan entre ellos.

Breve epilogo

El trabajo en Grupo no ha sido nunca muy popular en nuestro ámbito psicoanalítico, existía el prejuicio de que el grupo promueve lo imaginario de las identificaciones. Nosotros sabemos que, tanto individualmente como en grupo, trabajamos con la función simbólica.

J. Lacan, en La psiquiatría inglesa y la guerra, rehabilita a Bion, que trabajaba con grupos de soldados que regresaban del frente, tras la Segunda Guerra Mundial. Bion, inventa su experiencia de grupos, al considerar las dificultades que supone para una multitud de hombres el tener acceso a una terapia individual. Lacan elogia su creatividad y renovación como herramientas del Psicoanálisis aplicado -de eso se trata- y afirma que dejarán una huella en la Historia. Bion supo transformar, como recuerda Lacan, una dificultad en una oportunidad, en una invención.

Ahora la dificultad es nuestra, nuestra guerra ¿qué hacemos con ella?

Quizás algunos de ustedes, espero que pocos, se preguntarán: ¿qué tiene eso que ver con el Psicoanálisis? Personalmente, no creo en un psicoanálisis “ortodoxo”, este es un prejuicio poco analítico. Cada persona y cada situación nos plantean un reto renovado que no tiene una respuesta estereotipada.

Ahora bien, navegar en un ámbito desconocido tiene sus dificultades y responsabilidades para el analista acostumbrado a la protección de su consulta. Pero a la vez, es una gran oportunidad de sostener el lazo social del psicoanálisis y de seguir investigando.

Pienso que un analista no puede retroceder ante el sufrimiento de su tiempo. Y me identifico con esas palabras: decidí dejarme contagiar por lo inédito y por lo no-conocido. Tenía de mi parte la determinación de mi deseo. He sentido una profunda solidaridad y no hice oído sordo a un sufrimiento que hace años está devastando a muchos, demasiados, que han perdido el rumbo de su vida en esta debacle y que son nuestros hermanos, que gritan como en el sueño de Freud: “Padre, no ves que estoy ardiendo”.

Una breve cita, alentadora, para concluir:“En estos momentos, da la impresión de que a nuestro planeta le aguarda una serie de catástrofes sin precedente y no el tipo de transformaciones morales y políticas que abrirían el camino hacia un mundo distinto. Pero la única posibilidad que nos queda para evitar tales catástrofes es cambiar nuestra manera acostumbrada de pensar. Si algo han evidenciado los eventos del 2011, es que la era de las revoluciones no ha acabado ni mucho menos. La imaginación humana se niega obstinadamente a morir. Y la historia nos demuestra que, cuando una cantidad significativa de personas se libera simultáneamente de las ataduras impuestas sobre su imaginación colectiva, hasta nuestros supuestos más inculcados sobre qué es y qué no es políticamente posible pueden derrumbarse de la noche a la mañana.”

Este artículo es un fragmento de The Democracy Project: A History, a Crisis, a Movement, de David Graeber.

http://www.danielaaparicio.com

4 de juliol de 2012
DEBATS SOBRE EL MALESTAR (gravació en àudio)

per escoltar la gravació pots clicar la fotografia

Gravació del debat del

dimecres, 4 de juliol de 2012

Javier Bassas Vila, filòsof: “AFECTES I EFECTES POLÍTICS”

Felip Martí-Jufresa, filòsof: “MALESTAR I EMANCIPACIÓ METAFÍSICA”

presenta: Daniela Aparicio, psicoanalista.

Entendemos que hay una necesidad apremiante hoy, de ofrecer y escuchar otros discursos, para transmitir nuevos recursos y expectativas que puedan apuntalar nuestro colectivo en apuros.
Nos proponemos una reflexión conjunta que nos acerque a la construcción de un nuevo asidero simbólico, para sostener las mutaciones sociales y subjetivas en curso. Podría ser el comienzo de una orientación para algunos que están muy perplejos, aquellos jóvenes tan bien pre-parados y los adolescentes extraviados, o los adultos sin rumbo, cuando han perdido su identidad de trabajadores-consumidores. Todo ello, para salir de la inercia generalizada.
Contamos contigo y con nuestros invitados para dar cuenta de nuestro compromiso en este Malestar y para intentar rescatar una nueva dimensión humana y social de valores, que no sean sólo los de la Bolsa.

Espai Freud us convida als
DEBATS SOBRE EL MALESTAR

converses al jardí -en 2 nits d’estiu.

dimecres, 4 de juliol a les 20:30 hores

Javier Bassas Vila, filòsof: “AFECTES I EFECTES POLÍTICS”

Felip Martí-Jufresa, filòsof: “MALESTAR I EMANCIPACIÓ METAFÍSICA”

presenta: Daniela Aparicio, psicoanalista.

* * * *

dimecres, 11 de juliol a les 20:30 hores

Francesc Raventós, economista: “UN FUTUR INCERT”

presenta: Francesc Garreta, filòleg.

AFORAMENT LIMITAT

lloc:

HOTEL ALMA

Carrer Mallorca, 269-271.

(entre Pg. de Gràcia i Pau Claris)BCN

organitza:

ESPAI FREUD

Amics de la Llibreria Xoroi

-Associació Cultural-

Es curioso, pero cuando uno quiere entender, entiende. El psicoanálisis es contra natura solamente para aquellos que no quieren saber nada; nada de sí mismos, en primer lugar. Qué difícil vivir a espaldas de uno mismo. A partir de Freud, mas difícil todavía. Freud produce este efecto inequívoco en la cultura: un sujeto del inconsciente, que tendrá que despertar a una realidad nueva que lo habita. El sueño, en este sentido, cobra valor, adquiere un estatuto de verdad, la verdad intima del soñante, la de su propio deseo.

¿Hace falta preguntarse si hoy, mas de 100 años después, podemos seguir soñando?

Un recuento rápido de esos años revela que algunos de nuestros sueños más preciados han desembocado en una pesadilla. No voy a entrar en detalles. La característica de los cambios de nuestra era informática es la aceleracion y el totalitarismo, Manuel Castells dixit. Hoy podemos decir que la historia no se ha acabado, como decia Fukuyama, sino que se ha acelerado vertiginosamente. Viajamos o volamos en las autopistas de la comunicación y eso tiene un efecto innegable sobre el sujeto y otro sobre el inconsciente, que tiene otro ritmo y obedece a otra temporalidad. Si hoy soñamos menos es porque podemos soñar en la red -el DREAMNET existe- donde todo lo que usted desea puede ser realizado. La cultura informática, cultur@, reduce el sueño y el deseo a la necesidad –sobre todo a la necesidad del consumo- pero en esta operación se pierde la esencia misma del deseo y de la libertad de volar.

Un adolescente me trae un sueño: “un ratón me comía la cabeza”, me dice. Hace poco que viene, cuenta que casi nunca sueña, pero aparece el ratón asociado, por supuesto, con su ordenador y… con nada más. De padres separados y ambos hiper-ocupados, desde pequeño pasa su vida delante de un único interlocutor: la videoconsola, que se convierte en su compañía familiar. Internet vendrá a sustituir o suplir los juegos; este es el nuevo acompañante del hombre contemporáneo. La pantalla es su familia. Con razón mi adolescente, sumido desde pequeño en cierta soledad, puede soñar y despertar para seguir soñando… que un ratón le come la cabeza.

Memoria de la barbarie y construcción del futuro”

Reyes Mate

“La estrategia del diablo es hacernos creer que no existe”, Charles Beaudelaire

Honorable Señora Joana Ortega, Vicepresidenta del Govern de la Generalitat de Catalunya, distinguidos miembros de la mesa, señoras y señores:

1. Recordamos el día de la liberación de Auschwitz y, por tanto, a todos los deportados a campos de exterminio, campos de concentración y campos de trabajos forzados. Recordamos a los millones de judíos asesinados en las cámaras de gas, a los gitanos, homosexuales, combatientes, muchos de ellos republicanos españoles, o disidentes internados en el universo concentracionario, víctimas de la barbarie nazi.

No ha sido fácil llegar hasta aquí. Hubo un largo tiempo de silencio, después de la II GM porque lo que entonces mandaba era el olvido. Había que mirar hacia adelante para levantar una Europa en escombros y, por tanto, no echar la vista atrás; a los supervivientes judíos en Estados Unidos se les decía que se asimilaran, que se integraran en la nueva realidad, olvidando el pasado. Ni siquiera en el Israel de la época sobraba calor para los supervivientes de la Shoah. Había algunos que querían hablar pero nadie les escuchaba. “Lo que habían padecido los judíos no suscitaba interés”, dice Simone Veil, superviviente de Bergen-Belsen. Sólo querían oir las gestas heroicas de la Resistencia, pero no lo que millones habían sufrido. Cuando alguien veía su tatuaje sobre el brazo decían: “¡Vaya¡ quedan judíos. Pensábamos que habían muerto todos”. No querían oir a Primo Levi, demasiado triste; ni a Jean Améry, un amargado que hablaba desde el resentimiento.

Otros supervivientes tenían que callar para seguir viviendo. “La escritura o la vida” fue el título que escogió Jorge Semprún para explicarnos que había que elegir entre recordar o vivir.

Por eso digo que no ha sido fácil pero aquí estamos, recordando.

2. Podemos decir que la batalla del recuerdo está ganada al silencio de los primeros años, pero ¿hacemos memoria?. Hay una diferencia entre recordar los hechos y hacer memoria de su significado. De esto quisiera hablar ahora.

Elie Wiesel y Jorge Semprún, dos deportados en Büchenwald, dialogan muchos años después, y ambos coinciden en no querer ser los últimos testigos. Temen tener que cargar con esa responsabilidad, con la responsabilidad del testigo. ¿Que por qué no quieren cargar con la responsabilidad de dar el último testimonio? porque saben que han fracasado en lo esencial. Han dado, sí, a conocer los hechos, pero no han sido capaces de conformar el presente desde ese pasado. El mundo sigue a su aire como si nada hubiera ocurrido. El último testigo tendría la responsabilidad del postrer intento por hacernos comprender lo que significa la memoria de la barbarie que ellos habían vivido o, mejor, padecido

3. La memoria es una de las categorías políticas más decisivas en nuestro tiempo pero que a diferencia de otras, como ciudadanía o democracia o libertad o igualdad, se está formando.

Es verdad que viene de lejos, es decir, tiene una historia[1]. Para los antiguos era una categoría menor, un sentido interno que produce sentimientos. En la Edad Media la memoria se transforma en un principio normativo: el pasado como norma del presente. La sociedad no necesita aprender nada nuevo, solo trasmitir lo sabido. Lo nuevo es sospechoso por eso, en El nombre de la Rosa, de Umberto Eco, los monjes curiosos que quieren ojear un nuevo libro de Aristóteles, acaban envenenados. Como dice el guardián de la biblioteca, Fray Jorge, la humanidad sabe lo que necesita para salvarse. Eso es lo que hay que trasmitir.

Esto explica la alergia de la modernidad al pasado. El hombre moderno crea su mundo (también el político y el moral) desde la libertad. Nada se opone tanto a la autonomía del hombre moderno como la pretensión normativa de la memoria, es decir, que la memoria quiera convertir el pasado en norma del presente. Para los modernos, la memoria es cosa de los tradicionalistas o antimodernos.

Todo esto cambia en el siglo XX. Con los sociólogos franceses de la memoria aparece la idea de que memoria y progreso pueden ir juntos. Sólo hay futuro si, como decía Kafka en la Carta al Padre, la nueva generación tiene las patas traseras bien asentadas en el pasado. Frente a los totalitarismos de la época empeñados en identificar las posibilidades de la realidad con lo que el fascismo o el estalinismo son, la memoria trae al presente momentos críticos del pasado que nada tienen que ver con este presente totalitario. La memoria es entonces subversiva.

Pero es la II GM la que trae consigo el gran cambio: la memoria produce no sólo sentimientos sino conocimientos que escapan a la razón. La memoria, dice Walter Benjamin, abre expedientes que la ciencia o el derecho o la historia dan por archivados o explicados[2].

La mirada de las víctimas ve lo que escapa al ojo humano normal. Lo que ve es lo que lo que la ciencia o la cultura han ocultado a la hora de explicar la historia: el sufrimiento. El famoso progreso que ha sido la lógica de la historia se ha construido invisibilizando el sufrimiento; no eliminándole sino explicándolo como inevitable e insignificante. La memoria no pasa por ahí. Las víctimas se han hecho visibles gracias a la memoria.

Hay un tercer cambio, el más importante, después de la guerra, cuando el mundo toma conciencia de la dimensión del genocidio judío. Aparece el deber de memoria: la humanidad no puede permitirse otra experiencia de inhumanidad porque no la soportaría. De ahí el “nunca más”. Y el antídoto contra el poder destructor de la barbarie es, según los supervivientes, la modesta memoria.

Reparemos en esto porque no todo el mundo piensa lo mismo o, mejor dicho, casi nadie piensa que la memoria esté en condiciones de hacer frente al poder de la barbarie. Los Aliados Occidentales, sin ir más lejos, proponen algo mucho más eficaz que la memoria para evitar la repetición de la barbarie: el plan Marshall y una constitución democrática para Alemania.

La memoria es un arma frágil, por eso tenemos que preguntarnos ¿por qué tenemos tanta confianza en ella?,¿ por qué convoca tanto en todo el mundo? ¿por qué los descendientes de esclavos se agarran a ella en nombre de la justicia que esperan? ¿por qué asociamos memoria a justicia?

Digamos que esta explosión de la memoria a la que estamos asistiendo en el mundo entero, tiene que ver con la experiencia de inhumanidad que supuso el genocidio judío. Todo arranca de Auschwitz.

Si Auschwitz es el lugar fontanal de la memoria es porque, para los nazis, era un proyecto de olvido: no tenía que quedar ni rastro del pueblo judío, por eso la carne debía ser quemada, los huesos triturados y las cenizas aventadas. Sin soporte físico, debía desaparecer igualmente la significación cultural de ese pueblo y su contribución a la historia de la humanidad. Se trataba de producir un crimen de tal magnitud que, aunque alguien escapara de la cámara de gas y lo contara fuera, nadie le creería por la desmesura del acontecimiento. Y, aunque le creyeran, tratarían de olvidarlo porque tenerlo presente era vivir con un fardo insoportable.

Si Auschwitz encarna el mal radical no es por el número de víctimas, ni por liderar el ranking del dolor, como si hubiera víctimas de primera y de segunda. Ese triste privilegio se debe a la estrategia nazi de invisibilizar el crimen. De haber triunfado Hitler, la historia se habría construido sobre víctimas, sin que hubiera habido la posibilidad del duelo o de la culpa.

Frente a la estrategia nazi de olvido, surge el deber de memoria. Ahora bien, si estamos obligados a la memoria no es porque alguien nos lo mande, sino porque la necesitamos para vivir humanamente. El ser humano, en efecto, está dotado de una inteligencia portentosa: tenemos una capacidad analítica casi infinita, pero Auschwitz fue impensable, se nos escapó, y cuando lo impensable ocurre, se convierte en lo que da que pensar. Eso es la memoria: el reconocimiento de que nuestras acciones se construyen sobre un trasfondo oscuro, en el que no repara el conocimiento, y que no es otro que el sufrimiento de los demás.

El deber de memoria se substancia en el reconocimiento de que el sufrimiento es la condición de toda verdad o, dicho de otra manera, el deber de memoria consiste en re-pensar todo a la luz de la barbarie para hacer justicia a las víctimas y para que ese pasado no se repita. Los dos objetivos son inseparables.

El deber de memoria no consiste en acordarse regularmente de los judíos que murieron en los Campos, sino en repensar la política, la ética, la estética, incluso la verdad, teniendo en cuenta el sufrimiento anónimo que acompaña la construcción de la historia.

Esto es un programa muy ambicioso[3] y aunque fue formulado en los primeros momentos de la liberación, ha sido cuidadosamente marginado porque le memoria es peligrosa para todos. Por eso, antes de que condenemos a la memoria por incapaz de frenar la repetición del genocidio (lo que hacen muchos a la vista de lo que ocurrió en los años noventa en Africa Central y en la ex-Yugoslavia), deberíamos preguntarnos si hemos empezado a tomarla en serio. Yo creo que no porque no hemos hecho el esfuerzo de repensar todo a la luz de la barbarie. Es ciertamente un programa muy ambicioso que escapa a las posibilidades de esta breve intervención, pero permítanme decir algo

¿Que significa repensar la realidad teniendo en cuenta el Holocausto?, Lo explica muy bien un superviviente, Srebnik, en el film Shoah, de Claude Lanzmann, cuando señalando fijamente el piso de un bosque polaco, dice: “era aquí”. Ahí no se ve nada, pero ahí estaba situada la cámara de gas. Lo que noe está diciendo es que si queremos entender que es este lugar no basta hacer una descripción de lo que se ve. De el forma parte lo que nos dice la mirada de la víctima. Pensar la realidad teniendo en cuenta el Holocausto significa no confundir la realidad con la facticidad. La facticidad es la parte del pasado que ha triunfado y llegado hasta nosotros, pero de la realidad también forma parte aquello que pudo ser y quedó eliminado, los sin-nombre, los perdedores, los aplastados, los olvidados.

¿Y qué significa re-pensar la política teniendo en cuenta la barbarie experimentada? , significa cuestionar el progreso como lógica de la política moderna. Del progreso decía Ernst Jünger que era “la iglesia más popular del siglo XIX, la única que puede vanagloriarse de disfrutar de un poder real y de un credo libre de toda crítica”. El progreso es indiscutible.

Todo el mundo se siente progresista porque se da por hecho que el progreso es “el resorte moral de nuestra época”. Se asocia moral a progreso de la misma manera que barbarie a primario. Lo primario es lo que se acerca a la animalidad mientras que progreso, lo que se aleja de ella. Se confunde progreso con el proceso civilizatorio que ha ido conformando a la especie humana a lo largo de los siglos. Por eso el filósofo francés, Victor Cousin,da un paso más e identifica éxito con moralidad. El éxito del ser humano consiste en haberse constituido como tal, lo que sólo era posible derrotando la animalidad. Por eso éxito y humanidad se confunden.

Se puede calibrar entonces la provocación de Walter Benjamin cuando , en 1940, proclama que fascismo y progreso van de la mano. Tesis arriesgada pues nos solemos representar al fascismo como una recaída en la barbarie de la que la humanidad salió hace muchos siglos.

¿Qué es lo que tienen en común? El prestigio del éxito, esto es, legitimar la producción industrial de víctimas, si es por una causa superior. Lo común es la naturalidad con la que se entroniza la consecución de los objetivos, subordinando a tal fin cualquier medio que se juzgue apropiado. La conquista de nuevas metas, en el caso del progreso, o la construcción del hombre nuevo, en el caso del fascismo, justifican que se “pisoteen algunas florecillas al borde del camino”, como decía Hegel de las víctimas de la historia.

Repensar la política desde una consideración crítica del progreso significa someterle al juicio moral. Que hay progreso técnico y científico, es indiscutible; que ese progreso técnico comporte automáticamente progreso moral, eso ya es discutible.

Esta crítica del progreso no significa renunciar a los avances de la humanidad, tan positivos en muchos aspectos, sino saber distinguir entre un progreso que está al servicio de la humanidad, de la humanización del hombre, y otro progreso que convierte a esa humanidad en instrumento para el progresar. Por desgracia estamos instalados en la segunda propuesta. A la vista de la dimensión que ha tomado la mentalidad “progresista” o “del éxito”, ha llegado el momento de aplicar al progreso y al éxito lo que Benjamin decía de la revolución: que si en un momento se la interpretó como la aceleración del tiempo, había que entenderla ahora como un frenazo, como tirar de la alarma del tren en marcha. Repensar la política teniendo en cuenta la barbarie pasada significa revisar la lógica con la que se construye la historia y, más precisamente, la relación entre política y violencia.

La memoria abre expedientes que la política instrumentaliza, que la ciencia da por explicados o que el derecho ha archivado. La memoria tiene autoridad para abrirlos en tanto en cuanto la injusticia pasada no haya sido reparada. Eso lo deberían saber los jueces del Tribunal Supremo que tan desconsideradamente están juzgando la memoria de las víctimas del franquismo. Si no la respetan, esa misma memoria les alcanzará a ellos.

¿Y qué significa repensar la ética a la luz de la barbarie?. Las éticas modernas están basadas en la buena conciencia, en la lealtad a un núcleo humano que nos es común a todos y que llamamos dignidad. Ser bueno consiste en respetar esa dignidad. Pues bien, en Auschwitz , para sobrevivir, había que dejar la dignidad fuera. Jean Améry decía: nos salvamos los peores; no éramos solidarios, salimos sin haber aprendido nada…No es que estuvieran hechos de peor pasta que nosotros, es que, como apunta agudamente Elie Wiesel, “los santos (o los héroes) son los que mueren antes del final”. Hay un umbral de sufrimiento que si se le traspasa, ya no hay dignidad, ni santidad, ni heroicidad posible. Y en los campos ese límite fue sistemáticamente superado. Claro que hubo héroes y santos, pero eran la excepción.

Eso explica en parte el sentimiento de culpa de los sobrevivientes. Recuerdan que los mejores quedaron en el camino y que, para seguir adelante, tuvieron que bajar la cabeza, como les ocurrió cuando no fueron capaces de quitarse la gorra en señas de respeto por quien iba a morir ahorcado gritando para animarles: ánimo “¡compañeros, yo seré el último!”. En lugar de ello recuerda un pesaroso Levi “no nos hemos hemos descubierto la cabeza más que cuando el alemán nos lo ha ordenado… ya no quedan hombres fuertes entre nosotros. El ultimo pende ahora sobre nuestras cabezas y para los demás pocos cabestros han bastado. Pueden venir los rusos: no nos encontrarán más que a los domados, a nosotros los acabados, dignos ahora de la muerte inerme que nos espera. Destruir al hombre es difícil, casi tanto como crearlo: no ha sido fácil, no ha sido breve, pero lo habéis conseguido, alemanes. Henos aquí dóciles bajo vuestras miradas: de nuestra parte nada tenéis que temer: ni actos de rebeldía, ni palabras de desafío, ni siquiera una mirada que juzgue”[4]. Y en el estremecedor relato de Gradowski, el Sonderkommando que escondió su relato entre las piedras de la cámaras de gas antes de ser asesinado, reconoce abatido: “la moral, la ética, igual que la vida, yacen en una tumba”.

No tuvieron dignidad, pero ¿fueron inmorales?. Para hacernos una idea de lo que significa un comportamiento digno en el campo, Levi recurre a la paradógica expresión de “suerte ética”.

Esa suerte él la tuvo y se llamaba Lorenzo, el obrero italiano que durante seis meses le proporcionó pan y sopa, sin nada a cambio: “Es a Lorenzo a quien le debo el estar todavía vivo a día de hoy, no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan simple y tan fácil de ser bueno, que existía todavía, fuera del nuestro, un mundo justo” . Gracias a la bondad de Lorenzo “valía la pena conservarse vivo…Es a Lorenzo a quien le debo el no haber olvidado que yo era un hombre”.

Pero la mayoría no tuvieron la suerte de encontrar un gesto humano. No fueron dignos ¿pero fueron inmorales?.

Si les juzgáramos con los criterios de nuestra moral diríamos que eran unos seres inmorales (egoístas hasta el extremo, insolidarios, despiadados), pero eso ¿quien lo osaría?. Ninguna de nosotros tiene derecho a hacerlo.

Lo que tenemos que hacer es pensar la ética de otra manera. Ser bueno consiste en hacernos cargo de la inhumanidad del otro o, como diría Primo Levi, responder a la pregunta que da título a su libro de memorias: si esto es un hombre. Nos pregunta si esos deportados torturados, humillados y expulsados por los nazis de la condición humana, no son acaso hombres.

El título del libro está tomado de un poema suyo que dice así:

” Vosotros que vivís seguros en vuestros hogares

vosotros que encontráis, cuando regresáis en la tarde, el plato caliente y rostros amigos,

vosotros, considerad si esto es un hombre

el que trabaja en el fango

el que no conoce la paz

el que lucha por un mendrugo de pan

el que muere por un sí o un no.

Considerad si es una mujer

la que no tiene cabellos ni nombre,

ni fuerzas para recordarlo,

vacía la mirada y frío el regazo

como una rana invernal.

Pensad que esto ha sucedido.

Os encomiendo estas palabras.

Grabadlas en vuestros corazones,

Al estar en casa, al ir por la calle,

al acostaros, al levantaros.

Repetídselas a vuestros hijos.

O, si no, que vuestra casa se derrumbe,

la enfermedad os imposibilite,

Vuestros descendientes os vuelvan el rostro.

Sólo alcanzaremos la dignidad de ser humano si respondemos a esta pregunta que nos hace el otro: si esto es un hombre. En Auschwitz se clausura la ética de la buena conciencia y nace la ética de la alteridad.

Es una pregunta que viene de lejos y que la humanidad se hace en momentos de peligro. Hace unas semanas se recordó en muchos lugares del mundo iberoamericano la pregunta que hizo un fraile dominico, hace cinco siglos, en la Isla Española, ante Colón y demás autoridades españolas. Me refiero al Sermón de Anton Montesino, el cuarto domingo de adviento de 1511. Ante unos conquistadores convencidos de que su superioridad militar y cultural les permitía todo, estos frailes les sorprendieron con una pregunta que conmovió al Imperio: estos indígenas que vosotros maltratáis, explotáis y matáis ¿acaso no son hombres?[5].

“Si esto es un hombre” es una pregunta inquietante pues de su repuesta no sólo depende la humanidad del otro, sino la del que responde. Están en juego las cadenas del otro, pero también las nuestras, hasta el punto de que sólo liberando al otro, nosotros alcanzaremos la libertad.

Repensar la ética a la luz de la barbarie significa reconocer que no nacemos seres humanos. El ser humano es una conquista, una tarea en la que podemos fracasar.

4. Decía al principio que hoy recordamos mucho pero no es seguro que hagamos memoria, es decir, no es seguro que la luz de ese pasado ilumine el presente. No parece que el conocimiento de Auschwitz haya alterado la marcha de los acontecimientos. La razón de esa resistencia personal y colectiva a la significación de la memoria, al peligro que supone la memoria, tiene que ver con la catástrofe humanitaria que supuso el genocidio judío.

En Auschwitz no sólo murió el judío o el gitano, sino también el hombre. Cuando hablamos de “crimen contra la humanidad” no sólo hablamos de genocidio judío (Menschheit), es decir, atentado contra la integridad biológica de la especie, sino también de crimen contra lo humano del hombre, contra sus conquistas civilizatorias frente a la barbarie (Menschlichkeit).

Ejerciendo la barbarie nos hemos empobrecido en humanidad. Y en la medida en que el horror de las cámaras de gas es el final de un largo trayecto de antisemitismo, racismo, intolerancia, en esa misma medida hay que calcular nuestra pobreza en humanidad. No se mata impunemente como bien recuerda Jorge Luis Borges en su relato Deutsches Requiem. Aquel oficial nazi que va a ser ajusticiado reconoce que mataba inocentes para matar la compasión que a veces renacía en él. Eso no se lo podía permitir. Deberíamos estar alerta porque este Occidente culto al que pertenecemos ha hecho grandes renuncias humanitarios o renuncios en humanidad.

Un exjugador del Barcelona, Lilian Thuran, ha organizado en Paris una exposición donde sus ancestros negros eran exhibidos como animales, incluso en el siglo XIX, ante los civilizados europeos. Un superviviente judío húngaro, Bela Zsolt, cuenta en Nueve Maletas que en esos mismos años había un mercado, cerca de la Iglesia de La Trinité, donde se vendían libros con la cubierta en piel arrancada a los senos de jóvenes negras y otros objetos de cuero hecho con piel de mujeres congoleñas. Allí acudían los feligreses después de misa a hacer sus compras.

Venimos de ese pasado y si Auschwitz significa algo es visibilizar el sufrimiento sobre el que se ha construido la historia. El deber de memoria es una invitación al combate contra la barbarie propia o ajena.

5. Permítanme terminar evocando la figura de Jorge Semprún, fallecido el pasado mes de mayo, testigo sobresaliente de la experiencia concentracionaria. Quisiera rescatar ese momento singular que le él llama “fraternidad del morir” . La “muerte fraterna” es una obsesión de Semprún, una expresión extraña porque nada hay tan propio e inalienable como la muerte. Se muere solo. Semprún lo sabe pero la experiencia del campo le ha enseñado el alcance de la solidaridad.

El sentido fraterno de la muerte es lo que le lleva a la cabecera de los que están muriendo “como si el débil estertor de un moribundo fuera la patria a la que no pudiera escapar”. Necesita acompañar a los agonizantes en ese momento decisivo para decirles que no mueren porque Hitler les haya condenado sino porque han elegido libremente la vida y el morir. Acude a la cabecera de los moribundos para arrebatar la muerte al nazi, susurrando al moribundo que “todos nosotros, que íbamos a morir, habíamos escogido la fraternidad de esta muerte por amor a la libertad”, dice en La escritura o la vida..

Este gesto fraterno , supremo, lo encontramos en el relato de la muerte en sus brazos de su maestro Maurice Halbwachs, el autor de extraordinarias investigaciones sobre la memoria, y en la agonía del bravo Diego Morales, un joven combatiente republicano que había pasado por Auschwitz.

De memoria recita un verso de César Vallejo para, a modo de oración, acompañar al moribundo: Al fin la batalla/y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre/y le dijo: “¡no mueras, te amo tanto!”/pero el cadáver, ay, siguió muriendo…”.

Lo que resulta conmovedor en el gesto de Semprun es la seriedad del combate. La lucha contra el mal absoluto, que él coloca en la voluntad nazi de controlar no la vida sino la muerte, obliga a un compromiso total. Contra el mal había que luchar en La Resistencia y en la cabecera de los moribundos porque la libertad como la justicia nunca están conseguidas. Eso es lo que querían trasmitirnos con su testimonio de supervivientes. Eso es lo que Wiesel y Semprún temían que nosotros no hubiéramos entendido. Por eso sentían que habían fracasado, por eso nosotros hacemos memoria, para recordar que no hay vida sin libertad ni política sin justicia.

Muchas gracias.

El día del Holocausto, en Barcelona (25 de enero del 2012)

Reyes Mate, Profesor Emérito de Investigación del CSIC

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[1] Para un desarrollo de esta historia de la memoria, cf Reyes Mate, 2011, Tratado de la Injusticia, Anthropos, Barcelona, 165 y ss

[2] Para un estudio detallada de la significación de Benjamin, véase Reyes Mate, 2006, Medianoche en la historia. Comentario a las Tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia, Trotta, Madrid

[3] el lector encontrará documentas cada una de las afirmaciones sobre Auschwitz en Reyes Mate, 2003, Por los campos de exterminio, Anthropos, Barcelona, y en Reyes Mate, 2002, Memoria de Auschwitz, Trotta, Madrid,

[4] Los textos de Levi están tomados de Primo Levi, 1988, Si esto es un hombre, Proyectos editoriales, Buenos Aires

[5] Sobre este episodio y sus consecuencias, AAV, 2011, Pensar Europa desde América. Un acontecimiento que cambió el mundo, Anthropos, Barcelona,

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Película de Cronenberg, guión Hampton.
Siempre me ha maravillado la capacidad de aquél que sitúa las cosas en su lugar. Cronenberg demuestra con maestría que el psicoanálisis sigue siendo peligroso, tanto como el inconsciente! Su peligro fundamental consiste en rasgar la ilusión de completud y destripar el fantasma de un hombre feliz.
Es así como nuestro protagonista Carl Jung, rico- guapo- rubio- religioso y brillante…. hace aguas y tropieza con sus pasiones y sus mentiras, o con su Verdad, para acabar extraviado.
Jung en primera fila tumbado en el diván de las pulsiones y Freud detrás ocupando el lugar que le corresponde, como Ur-Fater del psicoanálisis, nuestro Padre.
Esta es la primera tesis de la película: Freud, en tanto Padre de la horda en relación a sus discípulos, que cuestionan su autoridad y desean su muerte.
Esta es la primera tesis de Cronenberg, a mi entender.
La segunda, es el Freud judío versus Jung cristiano. El primero agujerea la completud imaginaria, desmantela la mentira y la expone a cielo abierto: Jung el gran teórico del inconsciente colectivo es victima del suyo propio. La teoría jungiana cae, por ser una racionalización totalitaria que encubre lo inconfesable del sujeto particular.
En 1908 Freud le escribe a K. Abraham: “Recuerde también que Jung, cristiano e hijo de pastor no ha encontrado el camino hacia mí sino venciendo grandes resistencias. Su adhesión tiene mayor valor. Casi iba a decir que su entrada en la escena del psicoanálisis ha alejado el peligro de ver cómo esta ciencia se convierte en una cuestión nacional judía”. El Psicoanálisis, podemos decir, no es una “ciencia judía”, por supuesto, por el mismo deseo explícito de Freud: construir una teoría universal del sujeto psíquico que fuese aceptada por todos.
Por otra parte, sabemos que solo un judío y ateo como Freud podía ser el inventor del Psicoanálisis. Freud puede inventar el psicoanálisis por estar doblemente exiliado. En la medida en que es judío, es exiliado de la cultura dominante de su época por el antisemitismo reinante; pero también por ser ateo se ve exiliado de la ortodoxia religiosa.
Esta ha sido la historia. En vez de esperar indefinidamente la apertura de “la mayoría compacta” (expresión de Freud), él abre una brecha-herida con su teoría que va a trastocar el interior y el exterior de un mito fundamental y mayoritario de Unidad. El judío excluido le recuerda a la humanidad su propia exclusión. La división inapelable del sujeto parlêtre. En este sentido, el judío se equipara con el psicoanalista. Es desde este lugar descentrado o exterior, que el psicoanálisis se convierte en la tercera herida de la humanidad. La que interpela el narcisismo y rasga la cerrazón de una cultura que no quiere saber nada, puesto que está sumida en un sueño dogmático de completud.
Gracias a Cronenberg y a su soberbia película por difundir lo que no se quiere saber y que sin embargo determina nuestro destino.

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Última entrada en Psicoanálisis en tiempos de crisis, el Viernes, 04 de noviembre de 2011, 10:18.
Hace un tiempo, veo a una mujer joven que me cuenta llorando, hace meses que llora “sin motivo”. Caen sus lágrimas, en el trabajo, o en su casa, es presa de unos ataques de llanto que no puede referir a nada. Un médico le dice que quizás bebe demasiada agua, literalm …ente, otro le recomienda ir al oculista. Así son las cosas! En las entrevistas conmigo aparece su soledad infantil, como un boquete, nunca fue motivo de queja. El niño recibe el sentido de su llanto del otro, recibe su sentido. Poder dar sentido a su llanto, a su dolor de existir produce un alivio. Las lágrimas dejan de ser una secreción orgánica, para devenir una categoría subjetiva, habla de sus vínculos y de su historia. Encuentra las palabras que dicen su tristeza y desamparo.
Lo novedoso para un psicoanalista es que no haya síntomas, eso es lo preocupante. Uno se pone a temblar cuando escucha, que nunca le paso nada al sujeto o que “no le ha faltado nada”.

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